Voces

“En Moscú me cambió la vida”

“El gran viaje de mi vida, hasta ahora, fue a Moscú en 2010. A partir de la película ´Hermano´, fui a muchos festivales. Viajar se transformó en un asunto de trabajo. Algo muy raro, porque no es como tener una banda de rock, ni llevar una obra de teatro; presentar una película es fantástico, es algo valiosísimo”, enciende el reflector el cineasta Marcel Rasquin, autor de la cinta “Hermano”, todo un éxito de audiencias y de crítica.

Este viaje a Moscú fue el primer gran evento de la cinta, que se presentó en el Festival Internacional de Cine de la capital rusa, que es clase A, como Berlín, San Sebastián, Venecia o Cannes. “Este es el viaje más importante que he hecho hasta ahora, porque me cambió la vida”, dispara Rasquin.  

“Yo iba un poco con una mano adelante y otra atrás. La película entró en competencia oficial, para lo cual debía ser un estreno mundial. Mandé un DVD con un offline, es decir, un corte de la película, sin toda la música, créditos, ni colorización. Pero como es un estreno mundial, ellos tienen que evaluar la película con anterioridad. Uno se compromete a mandar la película en una fecha específica”, echa el cuento.

Para su sorpresa, los organizadores llamaron a Rasquin para informarle que la película entró en la categoría de ópera prima, entre más de 300 producciones.

Una decisión delicada

Cuando faltaba un mes para el viaje, estaban muy retrasados con la película, y los organizadores llamaron para decirles que una de las películas no iba a estar lista, y querían subir “Hermano” a la competencia oficial.

“Era una decisión delicada, porque era algo bueno, pero también era menos probable ganar. Uno entra a competir con los duros del mundo. Yo dije que sí”, se acomoda en la silla. El presidente del jurado era el francés Luc Besson (“Azul Profundo”, “El Quinto Elemento”, “El Profesional”).

La llegada a Moscú –relata Rasquin- fue una locura, porque tenía que llegar con los 5 rollos, en 35 milímetros, pero cuando arribó a Rusia la película no había llegado. “Me busca la gente del festival, y les digo que no tengo la película. Fue un gran estrés”.

Sin embargo, encontró apoyo, porque “en Moscú vive una tía, muy querida, que es poetisa, pintora, amante de la literatura rusa, ferviente de Dostoievski, que se llama Corina Michelena”, regala un retazo de cálida intimidad.  Moscú lo alojó por 4 días en un gran hotel, costeado por el festival, pero el resto del viaje, que fue de 10 días, se quedó en casa de su tía.

Perdieron la conexión en Roma, y es una de las pérdidas de conexión más sabrosas que le han tocado. “Tengo la convicción de que algún día voy a vivir allí. Fuimos al Coliseo, tomamos un café, comimos, dimos una vuelta a pie, y regresamos en Metro al aeropuerto”.

“Al llegar a Rusia, fuimos a la Embajada de Venezuela. La película estaba en aduana, y allá la burocracia es férrea. Fuimos con el Agregado Cultural hasta la aduana, que estaba como a una hora y media de viaje; entramos en contacto con el bloque pétreo de burocracia rusa. Teníamos a la gente del festival, que es importante en Moscú, y también al Agregado Cultural. Nos entendíamos en inglés, pero mucha gente allá hablaba castellano”, da cuenta de los sudores del viaje.  

Sacar la película de la aduana fue un problema. El primer intento fracasó. Hubo que posponer el estreno de la película por un día. Mientras tanto el festival transcurría, y Moscú estaba tapizado con carteles de las películas. Rasquin no tenía ni volantes, ni tarjetas de presentación.

Fascinante contradicción

“Una vez que sacamos la película de la aduana, salí a pasear con mi tía, conocí la Plaza Roja, y me impresionó mucho la ciudad, porque quedan los vestigios del comunismo y la Revolución Rusa, se siente hasta en la arquitectura, pero ves al mismo tiempo una valla de Revlon que abarca 4 cuadras. Un signo de Nike inmenso. Era una contradicción fascinante. Eso hace de Moscú una ciudad muy interesante, sobre todo viniendo de la Venezuela de 2010”, explica el realizador. 

“Me relajé un poco, vi las películas en competencia, me empapé de la vida de un festival de cine, fui con menos dinero que ´El Fugitivo´. Tomé vodka, y al descubrir Moscú con mi tía Corina, fui más allá de los íconos turísticos. Fuimos a ciertos barcitos, conocí a sus amigos rusos, compartí con ellos en su onda”.

Y lanza una anécdota hilarante: “Una cosa cultural muy divertida es que acá cuando llega la bebida, todos beben a su ritmo. Allá siempre hay que hacer un brindis, y todos beben a la vez. Todos terminan ebrios a la misma vez. Fui a un mercado, y no es que hay un pasillo de licores, sino un pasillo sólo de vodka. Los borrachos están en el Metro de las 10 de la mañana. Es una cosa muy loca. Además era la época del Mundial de Fútbol”.

Rasquin tenía que hacer ruedas de prensa, entrevistas, ver las películas que estaban en competencia. Fue a la Academia Cervantes, porque su tía da clases de castellano allá.

Al final, llegó el día del estreno en una sala de 1.200 puestos, que se llenó a medias en la primera proyección. Hubo 3 proyecciones más, y allí si metieron gente hasta en los pasillos. Sin tener afiches, ni volantes.

¡Lo logramos!

En esa primera proyección, que fue el estreno ante la prensa, fue la primera vez que vio su película terminada. La cinta se terminó en Madrid. “Me costó desprenderme, pero la película se encargó de meterme en la historia. Acá está: lista, la terminamos, lo logramos, estamos en el Festival de Cine de Moscú, en competencia”, se le encandila la mirada.  

Y da con el clímax de su narración: “Luego nos fuimos a tomar algo, a celebrar, y yo tenía un pequeño aparato celular. Me llama un número desconocido. Era una francesa, llamada Eleonora, que me dice: ‘Luc Besson es el presidente del jurado, yo soy su productora ejecutiva, él vio la película y le gustó mucho’. Ella quería saber más de la película y conocerme”.

“Al día siguiente me tomé un café con Eleonora. Hablamos sobre mi película, sobre su casa productora en Francia, y me dice que quiere entrar a la proyección de una película húngara. Durante la proyección me entra un mensaje de texto de Eleonora, diciendo que Besson me quería conocer al salir de la película. Salgo eufórico de la sala, y en el centro de cines –tiene como 8 salas de cine- había muchos cafés y bares, por todos lados”.

Welcome to my office

Rasquin desemboca en el corazón de su gran viaje: “Estábamos viendo dónde nos reuníamos con Besson, pero ella titubeaba mucho. Cometí un gran error, porque le conté esto a mi attaché, y ella me dice que no me puedo reunir con Besson, porque es el presidente del jurado y mi película estaba en competencia. Eleonora me metió por el estacionamiento, le damos la vuelta al complejo de cine, entramos entre dos carros, y allí estaba Luc Besson, quien me dice: ‘Welcome to my office’ (bienvenido a mi oficina)”, suelta una sonora carcajada.

Hablaron sobre la cinta, el francés le preguntó sobre los actores y Rasquin le contó del trabajo de acting coach que hizo su esposa, Prakriti Maduro. Besson le dijo a Rasquin: “no te debería decir esto, pero felicitaciones”.

Vino el día de la premiación. Ya sabían que habían ganado el Premio del Público. Había un evento temprano, con premios menores, no televisados. Van a ese evento, recibe el Premio del Público, de estricto flux y corbata, y salió a fumar un cigarrillo. Alguien lo detiene, y se vuelve a sentar: también ganan el Premio de la Crítica.

“En la noche tocaba ir a la premiación final. Vamos en el autobús, me dan la entrada, me separo de los amigos y me van acercando hacia la tarima, me sientan en la segunda fila. Me dan el aparato de traducción simultánea. Viene todo el acto, y sube Luc Besson, y dice: ‘este año hubo grandes películas, pero la decisión del jurado fue unánime, hubo una película que nos cautivó a todos, de Venezuela, y se llama ´Hermano´”, remata con un incontestable plano final. Fin.

Por: Alejandro Ramírez Morón

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Un corazón de fuego

“Tengo 38 años bailando flamenco. Cuando era niña, veía a Yolanda Moreno bailando en los programas de Renny Otolina, y quería ser como ella. Averigüé en una academia de danza que quedaba cerca de mi casa, pregunté si había folklore y me dijeron que sólo enseñaban flamenco. No tenía ninguna idea de lo que era el flamenco, pero desde que comencé, me sentí totalmente identificada. Fue de carambola. Arranqué con el flamenco, y hasta el día de hoy”, zapatea con contundencia la legendaria bailaora venezolana, Daniela Tugues Correa.  

A lo largo de estos 38 años se ha sostenido en el flamenco, si bien en una época hizo jazz y en otra danza contemporánea. La única vez en que se ha retirado del flamenco, fue un lapso de 8 meses cuando estuvo en la universidad. Le dio una crisis –recuerda- porque quería hacer otra cosa, y también jugaba voleibol. Con el zapateo, arrancó a los 9 años.

Una revelación

“La ignorancia hace que a uno se le suba mucho el ego. A los 18 años ya ganaba dinero bailando. Mi mamá me educó para ser cada día mejor. No sé si es algo bueno, o es una maldición, porque nunca he parado de querer crecer más. Cuando era muy jovencita, el guitarrista Cristóbal Ruiz me dijo (yo me juraba Dios, siempre he tenido fuerza y sentimiento): ‘Niña, deja ya de bailá pa’ los demás, y baila pa’ ti’. Eso fue una revelación”, nos abre de par en par las puertas de su alma rebelde.  

Allí empezó –relata la artista- un baile más introspectivo, más de buscar el origen de las cosas, qué era el flamenco, cómo se identificaba ella con esa danza, y allí cambió su baile. 

Siguió bailando, era primera figura de la compañía de Siudy Quintero, y ella siempre les decía: “ustedes son mejores que las de España”. Pero ella veía las compañías que venían de España -Antonio Gades, Cristina Hoyos, La Cumbre Flamenca, entre otras-, y entendía que lo que hacían ellos, no era lo que hacía ella. Lo que hacían ellos, era lo que Daniela Tugues quería hacer. 

“Pasó el tiempo, y a los 26 años, si bien mi familia no podía mandarme a España, Leopoldo López Gil, quien era presidente de Fundayacucho, y conocía mi trayectoria desde pequeña, me ayudó. Fui con mi mamá, porque había un proyecto piloto para dar becas a artistas, y me dieron una beca de estudio en España. Mi mamá tenía cáncer, y estuve unos primeros 6 meses. Vine a Venezuela a acompañar a mi mamá, y cuando ella murió, volví a España. Ella me dijo que, o me montaba en el avión, o ella me montaba a trompadas. Cuando llegué a España entendí que no sabía nada de flamenco, porque me faltaba demasiada técnica”, sonríe con calma, y toma un poco de agua. 

Sólo para aclarar al detalle: “El zapateo era más rápido y tenía más fuerza, porque tenían más técnica. El flamenco se desarrolla en Andalucía, crece de un crisol entre judíos, moros, el pueblo católico y los gitanos. Todos eran pobres. El flamenco es un canto de rebeldía, contra el sistema que los oprimía, léase la Iglesia Católica y la Inquisición. Perseguían a los pobres porque no pagaban impuestos. Soy muy devota de Cristo, pero no de María; es verdad que soy madre, y en ese sentido, soy María. Pero Cristo es mi líder principal. Los gitanos tienen su Cristo Negro”, junta las manos en cruz, trajeada con un sencillo jean azul, y una franelilla blanca de algodón.   

Amor de Dios

En España estudió con la mejor escuela de flamenco del mundo: el Centro Autónomo de Estudios de Baile Flamenco “Amor de Dios”. Allí hicieron una audición para el documental de Carlos Saura, “Flamenco” (1995), y ella quedó seleccionada. 

Formó parte de un cuerpo de baile, y es la única extranjera en la cinta. La gran bailaora Merchi Esmeralda era la figura principal, quien tenía su cuerpo de baile. “Tengo mucho tiempo que no voy a España. Hace como 6 años, iba a bailar mucho. Luego, me incorporé a Venezuela Viva, y eso también me absorbió mucho tiempo”, siente en los pies el magnetismo de las tablas criollas. 

Y dispara una frase de Camarón de la Isla: “en el flamenco no existe ninguna técnica, la única técnica es transmitir o no”. Ella –se toca el corazón- transmite desde que nació.  

Pero esto no quiere decir que no valore la técnica, que a las españolas les permitía zapatear más duro y más rápido, cuando ella llegó a la Madre Patria. 

En 1995 se devuelve a Venezuela. Sentía que su vida estaba siendo un poco vacía en España. Su papá también tenía cáncer. 

Cuando llega a Venezuela, monta una academia, y en noviembre sale embarazada, y se casa con su pareja de entonces. Tuvo 5 años de matrimonio y 5 años con la Escuela Superior de Flamenco. 

En Venezuela hubo una devaluación, y comienzan a emigrar los músicos flamencos, con lo cual los bailaores comenzaron a “flamencar” la música venezolana. “Allí comienza una búsqueda con la fusión. Esto nos ocurrió a Goyo Reyna, a Diego Álvarez y a mí. Empezamos a fusionar”, una llama feroz le enciende las pupilas. 

Buscando América

“Empecé a mezclar, sobre todo con los ritmos afro venezolanos. Me parecía grandioso el duende que trae. Otro legado de mi madre, Julieta Correa, es que hay que ser auténtico. ¿Cómo busco ser auténtica? En mi movimiento, en cómo me identifico con el flamenco. Ha sido un proceso de muchos años, buscando identidad, verdad en mi misma. Yo nací en Venezuela, no en Andalucía. Me encontré con ´Venezuela Viva´, y ellos comenzaron también a transmitir valores venezolanos. Pero partimos de la escuela del flamenco”, dice volviendo siempre a sus orígenes.  

Después de haber sido la Directora de Danza de “Venezuela Viva”, Paco Peña la invita a formar parte de Dance Company -Peña es uno de los mejores guitarristas flamencos del mundo-, para hacer un show que se llamó “Flamenco Sin Fronteras”. Allí se encuentran una compañía de músicos españoles con una de músicos venezolanos, y esto le permite descubrir 19 países, y ser reseñada por The New York Times. Llega a Venezuela, y le piden montar un espectáculo propio: entonces crea “Mestiza”. 

“Es una continuidad de esta fusión que vengo trabajando desde 1995. Hemos hecho 5 funciones, y tengo algunos shows negociados, pero no vendidos, en el extranjero”, expone la bailaora. 

Lo interesante de “Mestiza” –relata Daniela Tugues- es que un concepto totalmente artístico. Es una obra autobiográfica, es el resumen de su vida. Si ella tuviera que resumir en una frase: Yo soy / Sí se puede. 

“La gente sale llorando de ´Mestiza´. Dura una hora y media. Son 6 músicos en escena, con Aquiles Báez en la dirección musical. Pero sólo yo bailo en el escenario. Habla del mestizaje. No hay texto para nada. Música, baile, escenografía, imágenes. Es un show que da para mucho, y para mucho tiempo. Es un espectáculo de plenitud, porque además Aquiles Báez está en una fase de plenitud como músico”, subraya en torno al solvente guitarrista vernáculo.

Ama hasta que duela

Tugues vuelve la mirada sobre el hondo fuego de su corazón: “Mi hijo estudia Ingeniería de Producción en Boston (EE.UU.). Tengo una pareja actualmente. Estoy casada con Dios. Amo a Dios Padre por encima de todas las cosas. Y eso me llena todos los espacios. Siento que nací para dar, para generar proyectos, para ser. El stage es un espacio donde soy. Todo lo que se haga con intensidad, llega un punto en el que duele. Es algo arrebatadoramente doloroso”, rozas con manos tersas su franelilla de algodón.

Sigue dictando clases, tiene la “Agrupación Juvenil Flamenco de Venezuela”, la cual –garantiza- es un espacio de crecimiento humano a partir de la danza. En noviembre pasado hizo una temporada con “Mestiza” en el Teatro Chacao. Pero una de las cosas que la tiene más entusiasmada es un proyecto social, para dar herramientas a los jóvenes, a través de la danza. Gente de los barrios. 

“Tuvimos con ´Fe y Alegría´ por dos años, una escuela con 150 niños, y montamos la obra ´Orinoco´ con esos niños. Es lo más trascendente que me ha pasado en la vida. Creo que este tipo de trabajo de corte social me va a ocupar durante el resto de mi vida. 

El día en que me muera quiero sentir paz. Quiero que se me recuerde por mi entrega total”, la emoción rojo escarlata le desborda la mirada. Y uno sólo puede gritar: ¡Ole!

Por: Alejandro Ramírez Morón

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Deporte con sensibilidad

Adriana Flores ha tenido que hacer gala de mucha personalidad y toneladas de disciplina y trabajo duro, para destacarse como una de las periodistas deportivas más solventes del país, en una profesión tradicionalmente dominada por los varones. Meridiano TV le ha abierto las puertas no sólo de las arenas nacionales, sino también del deporte internacional y, entre sus entrevistados, por ejemplo, figura el súper astro del fútbol Lionel Messi. 

“En honor a la verdad, y pese a que las mujeres nos hemos ido sumando, cada vez más, al periodismo deportivo, en Venezuela todavía tendemos a ligar el deporte con una audiencia masculina. Sin embargo, incluso en los grandes eventos deportivos, la audiencia femenina ha crecido considerablemente. Los equipos, de hecho, han desarrollado estrategias de marketing dirigidas al público femenino. Y sí, definitivamente hay más chicas hoy cubriendo deportes”, abre el juego, la periodista de Meridiano TV, Adriana Flores. 

¡Play ball!

Relata que hace 10 años, cuando comenzó en esta profesión, casi todos los periodistas deportivos, eran hombres. Pero, cuando entró en Meridiano TV, encontró que la gerente de producción era una mujer, María Fernanda Azar. Eso fue un gran estímulo, y un punto de apoyo muy importante. “Carolina Guillén fue pionera en este oficio. Cuando entré a Meridiano, ella había salido no hacía mucho tiempo, con las miras puestas en la televisión internacional”.  

Y se quita el uniforme, para desnudar su pasión: “Pasé muchos años cubriendo fútbol, con el programa Fuera del Área, especialmente con el foco en la Vinotinto. Pero paralelamente cubría béisbol. En lo personal, toda la vida he practicado el voleibol. Me hubiera gustado ser atleta profesional, pero ser periodista deportiva también es muy hermoso. Dámaso Blanco, por ejemplo, jugó en Grandes Ligas y, como él, muchos otros deportistas han pasado por Meridiano TV. He aprendido de ellos”, explica Flores.

Creció rodeada de varones grandes fanáticos del béisbol. Sus primos se inclinaban más hacia el fútbol. Pero lo cierto es que el deporte siempre ha estado en su vida. Sabía mucho de deportes en 2005, cuando entró a trabajar en Meridiano TV. 

Conocer el negocio

Hoy, 10 años después, conoce mucho más del deporte y ganado en profundidad, incluso al ver la actividad deportiva como negocio. La capacidad de análisis, es importante en una cobertura especializada. También entiende mucho mejor el lado humano de los atletas. 

Adriana Flores hizo un e-book sobre moda, otra de sus grandes pasiones. Tiene una línea de ropa deportiva, llamada “A-Fit”. “Tenemos camisetas deportivas para damas, y pronto salen las de hombres. Las camisetas llevan impresos mensajes motivacionales. 

La moda me encanta, y creo que terminaré dedicándome a eso. El diseño de la ropa de A-Fit, y también los mensajes, son de mi autoría. Estamos desarrollando la página web”, da cuenta de sus sudores actuales. 

Meridiano TV –garantiza- le ha dado la oportunidad de hacer de todo. Nunca sintió la necesidad de probar suerte en un canal internacional. Sigue en Meridiano TV por los momentos; pero, sí quisiera tener hijos más adelante, tal vez eso implique separarse de las pantallas. 

Admiración total

Adriana Flores no es boxeadora, pero gana esta entrevista por knockout: “Siento una admiración total por los atletas venezolanos. Han sabido destacarse en muchos aspectos, incluso hacer un trabajo muy relevante con los niños de Venezuela. Nuestros atletas no sólo son grandes exponentes de sus respectivas disciplinas, sino que han hecho gala de un gran compromiso con el país”.

Si el deporte mundial ha tenido grandes exponentes femeninos, qué tendría de raro que el periodismo deportivo, hiciera lo propio. La sensibilidad de una mujer puede llegar a recodos del periodismo que están negados para el olfato masculino. Cada vez son más las féminas que, como Mary Montes, le meten el pecho a la fuente deportiva. 

Más allá de lo sexy que esto pueda ser, siempre será un paso adelante en la superación de ese cáncer latinoamericano, llamado sexismo. 

ADRIANA DE IDA Y VUELTA

Adriana Flores dice que el periodismo impreso es una asignatura pendiente, sin embargo, colaboró un tiempo para el portal de la animadora Erika de la Vega, llamado Erika Tipo Web. De allí extrajimos una mini entrevista, tipo “ping pong”, que le hicieron a flores en el popular portal.

- ¿A qué le tienes miedo?

- A la soledad

-¿Qué canción te pone feliz?

- “Un día de suerte”, de Alejandra Guzmán

-¿Tu mejor excusa?

- Tenía sueño.

-Un tip de belleza infalible

- Quitarse el maquillaje antes de dormir, aunque te dé flojera.

-Está bien…

- Comer dulce los sábados y domingos, si has entrenado toda la semana.

-¿Cuál fue tu primer trabajo?

- Pasante en Meridiano TV, toda mi vida he trabajado ahí.

-¿Algún hábito no muy sano?

- Me encanta comer chocolate

-¿Qué te da paz mental?

- Estar con mi familia y las personas que me quieren.

-Un destino secreto para perderse

- Cualquier cancha de voleibol de arena

Por Alejandro Ramírez Morón

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La voz del éxito

“Para mí, la locución se convirtió en un estilo de vida, sin habérmelo imaginado. Tengo 26 años haciendo radio, y el resto de las cosas fueron llegando poco a poco”, desgarra el micrófono el locutor Santiago Duarte, con casi 30 años de experiencia en la radio y la publicidad de Venezuela. 

“Cuando tenía 16 años imitaba a los locutores importantes que admiraba, como Iván Loscher, Enrique Hoffman, Waldemaro Martínez, etcétera. Estudiaba en el Liceo Caracas, en El Paraíso. Pero, en esa época sólo necesitabas tener 18 años y presentar un examen en el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, para ser locutor”, echa el cuento y ríe con ganas. 

Había que prepararse muy bien, rememora el entrevistado, porque era un examen medio difícil. Conoció una radio AM, y le encantó. Cuando cumplió 18 años, presentó el examen y comenzó a buscar trabajo como locutor, en la época cuando estaba comenzando a surgir la FM como radio comercial. 

“Había una competencia muy grande entre las AM 1090 y 750. Empecé a darle, a ver cómo era la cosa, hice un casting en 750. Tenía 18 años”, vuelve a las primeras líneas de su guión. 

Duarte quería trabajar en la radio, ser locutor, presentar y despedir canciones. Luego de ese casting, quedaron seleccionadas 5 personas: estaba Polo Troconis, Graciela Beltrán Carías, y otros dos locutores, aparte de él. Julián Isaac –al frente de la emisora- les dijo que unos entrarían en AM y otros se quedarían cuando saliera la FM. 

Guardia en el Caracazo

“Me dieron la primera guardia de mi vida, el 27 de febrero de 1989, el día del Caracazo. Ahora tengo 46 años. Cuando pude salir de la casa, llegué a la radio. Empezaba a ir a 1090 de vez en cuando. Estaban armando una emisora que se llamaba HIT 100, que hoy es Éxitos. En ese momento, me decían ‘El Tierno’, porque era un muchachito, y me pidieron que hiciera una suplencia. Estuve un año así. Al año -lo veía casi imposible-, me cambiaron a 107 FM, y allí estuve 10 años, en el tiempo de Elí Bravo y esa gente”, dispara, colocando su discurso en fechas más recientes. 

Estudió Publicidad y Mercadeo en el ISUM. Estuvo 10 años en FM Center, y tiene 6 años en el Circuito X. Este año renunció a Televen, luego de 20 años como la voz de ese canal, porque se fue a Miami (EE.UU). Estudió Publicidad y Mercadeo, pero lo que ha hecho toda su vida es locución. “He hecho voces de animación, pero nunca he sido actor, ni nada más. Siempre he estado en la locución. También soy la voz de Warner Channel hace 20 años”, expresa Duarte.  

Y reflexiona en torno a una vocación más que clara: “Al principio es muy difícil. No me imaginé nunca que iba a vivir de esto. A medida que comencé en la radio, una cosa me fue llevando a las otras. Hice, por ejemplo, mi casting para Televen y quedé. Y así vinieron los comerciales. Yo viví una etapa muy importante de la publicidad local. Lo sigo haciendo, pero la industria ha mermado mucho”, lamenta Santiago Duarte.  

Las mejores marcas

“Soy la voz de Empresas Polar, Gatorade, Mavesa, El Nacional, Harina Pan, entre otras marcas. He tenido la suerte de ser un locutor de éxito. Pero también es porque trabajo en una cosa que me gusta. En el liceo se burlaban de mí, y me decían que mi voz era para ser pregonero de frutas en un camión. Para esto hay que tener talento, hay que aprender a dominar el instrumento, la voz, y para ello –como en todo- de tanto practicar, uno comienza a dar lo que el mercado exige”, se acomoda la camisa.

En esto de la locución –garantiza el curtido hombre de radio- hay un factor emocional, es decir, de manejo de las emociones. Es como un cantante, o cualquier otra faceta en el entretenimiento. 

“Cuando estoy frente al micrófono, sea que esté en un programa de radio, o un comercial, cualquier cosa, no es que yo esté actuando, sino que estoy sintiendo. Los micrófonos han ido evolucionando. Algunos cuestan 3.000 dólares. 

Yo tengo micrófonos de muy buena calidad, pero que cuestan 300 dólares. Pero sí tengo equipos de computación muy solventes, que se utilizan en los mejores estudios, como el software Pro Tools. Uso MAC, pero mucha gente trabaja con PC”, dice en torno a la faceta high tech de su negocio. 

“Mi locutor más admirado, y creo que es la voz más importante de América Latina, es Waldemaro Martínez. Cuando estaba en el liceo, él ya tenía una carrera muy importante, pero yo admiraba que no tenía un tono de voz fingido. Al principio, yo tenía muchos temores. Precisamente por admirar a un locutor como Waldemaro, y no tener un torrente de voz como la suya”, expone el portavoz. 

Y dice con la voz clara como el agua: “Pero luego entendí que al no tener una voz tan particular, era más versátil, y podía abarcar muchos más productos. Hoy por hoy, me siento muy afortunado, porque puedo hacer prácticamente cualquier marca. La cuenta que más satisfacciones me han dado, es Gatorade. Y he pasado momentos increíbles con los comerciales de esta bebida, porque creo que tienen todos los factores que debe tener un buen comercial”. 

Nuevos sueños y retos

“Desde hace tiempo comencé a ofrecer mis servicios en el resto de América Latina, incluso en EEUU, donde apenas tengo 3 meses instalado. Antes de venir a Miami, pedí cambio en Warner, y pasaron mi sueldo a dólares, a través de la matriz del canal, que es Turner. Tengo una compañía con mi esposa, Verónica Rasquin, quien mantiene su espacio en Globovisión, pero desde Miami”, comenta en torno a su pareja. 

Sigue en la búsqueda de nuevos proyectos. Está promocionando sus servicios en todos los canales en EEUU. Algunos de la costa este, otros de la costa oeste. Se acaba de reunir con la X de Nueva York, que pertenece a Univisión. Está tratando de conocer más en profundidad el mercado publicitario. “Acá se usa mucho la figura del Manager, y yo no suelo usarlo, pero estoy estudiando el asunto”, se pasa una mano por el mentón.

Y expone en torno a las particularidades de la competencia en EE.UU.: “Acá me cuesta mucho más ganar los casting, porque los acentos latinos son otros, entonces hay que buscar adaptarse al mercado. Quiero obtener lo mejor de EE.UU. Pero mantengo mi programa en el Circuito X de Caracas, que se llama Zona Musical, de lunes a viernes, de 9 am a 11 am. Creo que llegamos hasta diciembre. Acá en Miami no tengo una emisora escogida, pero voy a emprender la búsqueda”.   

Y cierra con broche de oro: “En algún momento dije que nunca me iba a ir de Venezuela, pero me propuse probar suerte en Miami. A lo mejor, el día de mañana me puedo ir a otra ciudad de EE.UU. También hay otras grandes industrias de medios en América Latina. Ciudad de México estaría muy bien por la parte laboral, pero me encantaría Bogotá”.

Por Alejandro Ramírez Morón

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Vizquel, arte hecho a mano

Un rolling salía disparado, rasante, cortando grama. Las gargantas esperaban el momento oportuno para cantar el hit. El bateador de reojo, concentrado en la inicial, corría pensando en el dulce momento de instalarse en esa base, cuando, de repente, de aquel recóndito lugar, una mano fantasma, llena de elegancia y fantasía fabricaba un out que parecía imposible. 

Se trataba de una obra de cinetismo en su máxima expresión; era un ballet policromista, una danza única, era el arte inigualable de Omar Vizquel. 

Nadie puede negar los sueños que fabricó aquel pequeño muchacho, nacido el 24 de abril de 1967 en Caracas, cuando estuvo durante 24 temporadas en los campos de las Grandes Ligas. Comenzó su accionar pelotero en aquel mundialito de 1977, cuando deslumbró a todos en la categoría pre infantil. 

Todos a esa edad quedaron impresionados con sus manos, pero es que en realidad Omar Vizquel sabía ya, a los 10 años, qué quería ser en la vida, el mejor campocorto de las mayores. Y logró su cometido. 

El periodista Antonio Castillo hace años atrás publicó, en el diario El Universal de Caracas, una entrevista donde el caraqueño le recordó aquellas palabras que le dijo al gran Alfonso “Chico” Carrasquel. “¿Usted es Carrasquelito?”, le gruñó en ese tonó genuino de los niños. “Pues sepa que yo juego shortstop y voy a ser mejor que usted”. 

Un total de 11 Guantes de Oro en su haber avalan aquella sentencia profética de un infante irreverente, impulsado por su padre. Fue el mejor de su generación. 

“No recuerdo otro campocorto tan bueno como Omar”, contó Roberto Alomar. “Lo más impresionante era la manera cómo atacaba la bola. Creías que la pelota iba a pasar de hit y de repente la veías en su mano, haciendo una de las de él. Muchas veces me sorprendió en la segunda base, cuando me la pasaba de no sé donde para fabricar una doble matanza”. 

Las estadísticas certifican todo esto. Entre 1991 y 2001 nadie pudo disputarle siquiera un trofeo defensivo al apodado “Kike”, derivado de su segundo nombre, Enrique. Durante todo ese tiempo era el monarca de la franja ancha en la Liga Americana. Primero lo hizo con los Marineros de Seattle, equipo donde debutó en las Grandes Ligas, el 3 de abril de 1989, entre 1991 y 1993. A finales de esa temporada lo cambiaron a los Indios de Cleveland y desde 1994 hasta el 2001 era la magia en su máxima expresión agarrando pelotas. 

Pero refrendó su clase entre 2005 y 2006, cuando levantó sus dos últimos trofeos con los Gigantes de San Francisco, en la Liga Nacional. Cualquier despistado lector se preguntaría: ¿si ganaba siempre en la Americana, por qué no podía hacerlo en la Nacional? 

“Era una liga nueva y yo ya tenía 38 años”, me contó en 2005, cuando impresionó a los managers de la Liga Nacional. Había pasado el examen del cambio de circuito. “Trataba de hacer un gran jugada en cada serie y no pelarme las jugadas de rutina”, argumentó en aquel momento.

Con los californianos también demostró que su bate seguía funcionando. En la primera pasantía por la Bahía golpeó para .271 y, en 2006, para .295. En el 2008 jugó su última temporada como titular, ya a los 41 años, y de allí en adelante, hasta su retiro como pelotero activo en el beisbol en 2012, hizo pasantías por los Rangers de Texas, los Medias Blancas de Chicago y los Azulejos de Toronto. 

Al momento de retirarse dejó muy claro que quiere ser manager. Ese es su sueño para volver a las Grandes Ligas. Para eso ha comenzado una carrera como técnico. Desde 2014, forma parte del cuerpo técnico de los Tigres de Detroit. Allí se encarga de instruir a los jóvenes infielders, además de ser coach de primera base de la tropa que dirige Brad Ausmus. 

“Siempre he querido ser dirigente después de retirarme”, dijo en una entrevista con MLB.com, portal oficial de las Grandes Ligas. “Obviamente, tenía que empezar por algo. Este es el primer pasito, de bebé, en mi nueva carrera y estoy muy contento, porque se trata de absorber toda la información posible sobre cómo tratar a los chicos, cómo lidiar con diferentes aspectos del juego, con los lanzadores y los outfielders. Creo que camino en la dirección correcta”. 

El pasado 21 de agosto, Vizquel recibió el primero de los muchos honores que merece por su brillante carrera: fue exaltado al Pabellón de la Fama Latinoamericano. Muchos creen que será el segundo venezolano en el Salón de la Fama de Cooperstown. Sus números, más allá de los defensivos –¿sabía usted que conectó 2.877 hits de por vida,  más que Babe Ruth?– lo hacen un candidato casi seguro para el Olimpo del beisbol. 

Según las reglas de la gran casona de Cooperstown, para ser candidato debe tener cinco años de retirado como jugador activo. Es decir, a partir de 2018 podrá figurar en las papeletas de votación. 

Quizá no entre en la primera elección, pero no tardará mucho para escribir su historia en bronce y sellar con la placa de rigor una carrera llena de logros, esperanzas y alegrías.

El arte, su pasión

Durante sus últimos días en el beisbol, cuando estaba con los Azulejos de Toronto, Omar Enrique Vizquel González, pudo montar una exhibición de sus pinturas en la sala de arte Convivum 33, en Cleveland. Allí mostró a todos su arte, su pasión, ese hobby que mientras jugaba exponía en el garaje de su casa, y que ahora puede desarrollar con mucha más calma. 

Durante esa exposición también mostró algunas esculturas en bronce y algunos otros materiales. 

“Pudo haber habido una conexión”, dijo sobre el arte pictórico y práctico del criollo y las maravillas que hacía con el guante. “Yo creo que uno puede ver la jugada que viene por adelantado. Y quizá esa anticipación se tradujo en arte. Puedo observar algo que se desarrolla justo enfrente de mí, salir allá afuera y hacerlo”. 

Ahora se entiende todo, Vizquel sabía predecir los movimientos de sus contrarios, siempre se adelantó a cada uno de ellos y fue un pelotero que deleitó a todos con verdaderas obras de arte.

Ahora espera el momento oportuno para volver a brillar como manager, pero, al igual que sus pinturas, va desarrollando esta nueva etapa poco a poco. Total, siempre cumple lo que promete, tal como se lo hizo saber al “Chico” Carrasquel, cuando tenía tan solo 10 años de edad.

Por: Alfredo Villasmil Franceschi

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“Vivimos una dictadura del consumidor”

“Como ocurre normalmente, no sólo en Venezuela, el negocio publicitario es bastante sui generis. Los publicistas vivimos en una montaña rusa, con subidas y bajadas. La publicidad es el reflejo de la situación social que vive cada país. Si la sociedad está bien, el negocio publicitario va a estar bien. Y también en sentido contrario”, reflexiona el publicista, Roberto “Bobby” Coimbra, con 30 años en el negocio.  

Y ataja, lanzando una interrogante para sí mismo: “¿Por qué digo sociedad, en lugar de economía? Porque el asunto económico representa un porcentaje importante en la situación del negocio publicitario. Pero, independientemente de esto, hay otros factores que influyen en estas subidas y bajadas. La situación emocional del mercado. Hay mercados que están bien económicamente, pero –por las circunstancias emocionales (el mood de la gente)-, la publicidad va mal”, desemboca en la cruda realidad de algunos mercados.  

Roberto “Bobby” Coimbra es el actual presidente y director creativo del grupo Ogilvy & Mather Venezuela, del cual forman parte las agencias Ogilvy & Mather y 141 Coimbra. A mediados de 2014 fue nombrado director regional para América Latina de 141 Worldwide.

Reflejo de la sociedad

La publicidad –avanza Coimbra- no es un reflejo de la economía de un país, sino de la sociedad, en general. Si la sociedad se siente bien anímicamente, la publicidad va bien.

La sociedad venezolana está muy mal emocionalmente, y también económicamente, por lo cual el negocio de la publicidad no puede marchar bien, evalúa el creativo. 

Dice que el mercado venezolano, sin embargo, sigue siendo interesante para la actividad publicitaria, porque el venezolano -independientemente de cómo se sienta- tiene una alta tendencia hacia el consumo. Hoy estamos en la baja, espeta Coimbra, pero eso no significa que esa espiral descendente no pueda tornarse ascendente, y que la publicidad venezolana vuelva a vivir buenos tiempos. 

“No estamos en el mejor momento, hay una disminución acentuada de la inversión publicitaria. Por otro lado, si no hay osadía, se afecta la calidad de la creatividad, que es la razón de ser de este negocio. No obstante, el venezolano sigue siendo consumista, compra por impulso, compra buenas marcas. Hay menos entusiasmo para comprar, pero filosóficamente, tenemos el mismo consumidor de siempre. La idiosincrasia es la misma: un consumidor emocional, en busca de estatus. Quizás ahora compra menos, y es más comedido, pero filosóficamente es el mismo, y eso es una razón para ser optimista”, despacha del otro lado de su escritorio, el pelo cano, y el torso cubierto por una vistosa camisa de pintas violeta.  

Vorágine 2.0

Roberto “Bobby” Coimbra se detiene en la vorágine 2.0, y no lo hace con poco énfasis: “Las redes sociales, y todas las nuevas tecnologías, son sólo medios, y dependen de que sean bien utilizados. Las redes sociales no sirven para nada si el contenido no es consecuente con lo que queremos transmitir. Las redes sociales son transmisores de ideas, y si la idea es mala, las redes sociales no sirven para nada. Funcionan dependiendo de nuestra capacidad de desarrollar mensajes coherentes y consecuentes con las necesidades de la marca y del consumidor”, dispara el otrora presidente de J 

Walter Thompson. 

Coimbra insiste sobre sus ideas: Las redes sociales –garantiza- no funcionan adecuadamente sin contenido, lo mismo que pasaba con la televisión, con la radio y con la prensa. El secreto con el mensaje es que sea coherente y adaptado a los valores de las marcas y los consumidores. 

“Estamos muy dedicados a ocuparnos de los medios, y no nos preocupamos del mensaje. Y esta es la razón esencial de que un medio funcione o no”, expone, sin pelos en la lengua.  

Brasilero de nacimiento, budista, y afecto así a la pipa como al buen ron criollo, Bobby se acomoda un magnético anillo marrón para regalarnos estos tres sencillos pasos: definir con quién queremos hablar; en segundo lugar, identificar las necesidades de ese target; y en tercer lugar, determinar a través de qué medios queremos hablarle a ese público. “Es mentira que sea un imperativo para una marca estar en un medio social: bullshit. Lo primero es identificar con quién quiere comunicarse. Esa es la clave en el proceso”, establece.  

Roll Over Mcluhan

Sobre el BTL opina que sigue siendo una tremenda herramienta de persuasión, para un consumidor con las características del venezolano. El momento más adecuado para comunicarse con un comprador -calibra Coimbra- es cuando está tomando la decisión de compra. 

El BTL –asimismo- funciona cuando es bien utilizado, y opina que hay un gran desarrollo en esta área, desde el punto de vista tecnológico. “En el BTL, igualmente, lo que importa es el mensaje. Marshal Mcluhan dijo que el medio es el mensaje. Yo, modestia aparte, afirmo que el mensaje es el mensaje”, ensaya una media sonrisa.  

Pero, ¿cuáles son las tendencias en el mundo de la publicidad, tanto en Venezuela como en el planeta? “El mundo se volvió una aldea global. Las tendencias de comunicación, guardando las debidas proporciones, se están tornando universales, como siempre fue en términos de medios. La televisión, la prensa y la radio son medios universales, y está pasando lo mismo con los medios digitales. Los medios actuales se van identificando con las necesidades que tienen las personas, y cuanto más rápido lo hacen, más propensos se hacen a ser preferidos por la gente”, sonríe, y mira a través del ventanal. 

El ser humano –asevera- no está hecho sólo para recibir información, sino para participar de la información, y por esto nacen los medios digitales. “Esto no va a parar aquí”, vaticina Coimbra. 

El mundo siempre va a necesitar algo más, y los medios tratarán de atender a esas necesidades. Bobby es concluyente: “Quien manda en este mundo es el consumidor: es una dictadura del consumidor. Cuanto más rápido entendamos esto, y saquemos provecho, estaremos dando con la clave de la diferencia entre el éxito y el fracaso de la publicidad”, remata.

Por: Alejandro Ramírez Morón

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La poetisa del piano

“Yo comencé mis estudios de piano, en el Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta, cuando era dirigido por el maestro Ángel Sauce. Cuando cursaba el octavo año de piano, fui becada para terminar mi carrera en el Royal College of Music, del Reino Unido. Otorgaron sólo 5 becas. Tenía 17 años de edad. Tengo 35 años tocando el piano”, abre con fuerza el compás Clara Rodríguez, alumna de la legendaria Phyllis Sellick, quien, a su vez, se formó con el genio Maurice Ravel. 

“No estoy especializada en un autor en particular, pero he tocado mucho a Chopin, Liszt, Mozart y Beethoven. Actualmente, aparte de mi trabajo como concertista, soy profesora de piano en el Royal College of  Music. Incluso, a veces llega gente a mi casa en Londres, con sus niños, porque quieren que reciban, al menos, una sesión de clases particulares. Gente de Estados Unidos, India, Francia, etcétera”, da cuenta de su día a día en el Reino Unido, donde vive desde muy joven. 

Dice que nunca fue a uno de estos grandes concursos de piano. Sin embargo, recuerda una vez cuando tocaba piezas de Antonio Estévez en un concierto, y el maestro estaba en la sala. Al terminar el concierto, le dijo que ella era una poetisa del piano y que a él le gustaría tocar sus propias piezas como ella lo hacía. “Para mí eso fue un gran premio”, suelta una risa melódica.  

Premio Lukas

No obstante, a principios de 2015 fue galardonada con el Premio Latino del Reino Unido, mejor conocido como Lukas, en el renglón de Música Clásica del Año. Se trata de un galardón de la comunidad hispana y portuguesa de Gran Bretaña para destacar su contribución a la sociedad. 

“Es muy sabroso ganar un premio. Sin embargo, debo decir que demasiada fama, puede jugar en contra de un artista”, deja caer en alusión a algunas personalidades sobre expuestas.  

Clara Rodríguez enfatiza que para ella es sumamente importante ofrecer recitales de piano, más allá de su labor como profesora del Royal College of Music. Su cuenta en Twitter es @venpianista; en Facebook tiene la cuenta PianoClaraRodríguez, y forma parte del portafolio de artistas de la prestigiosa disquera Nimbus Records, con la cual ha grabado 5 trabajos. 

Ahora, tiene entre manos un gran proyecto: grabar una obra con piezas de compositores americanos, desde Estados Unidos hasta la Argentina. Suele hacer tres tomas para escoger la mejor, cuando está grabando un disco. Pero cada toma se hace sin parar. 

En Caracas tiene un piano de cuarto de cola. Y en Londres, su instrumento es un Steinway & Sons, que le regalaron unos fans. Hace poco trajo a la Sala José Félix Ribas, del Teatro Teresa Carreño, un piano marca Steinway & Sons, de gran cola, que es uno de los mejores instrumentos de su tipo que existen hoy en el mundo. Tiene dos máquinas, que se pueden cambiar, y dan dos sonoridades totalmente distintas. Es como tener dos pianos. 

Rodríguez suelta los pedales, y vuelve a las primeras notas de su partitura: “Cuando tenía 15 años de edad, me gustaba mucho la filosofía, leía mucho sobre esta materia, mis amigos estudiaban en la UCV, y yo era una muchacha demasiado seria. Me sentía un poco acomplejada con respecto a gente que aparentaba tener más que yo. Muy jovencita, sentí cierta vocación por la política. Pero me fui a Londres, y allá la política es tabú; la gente prefiere hablar del clima. En el Reino Unido la política es un tema que hiere”, evita toda disonancia.  

Todo por Venezuela

Y desliza con total prudencia: “A partir de la diatriba con mi colega Gabriela Montero, sobre los sucesos políticos de 2014, gané muchos seguidores en redes sociales, y, más allá de eso, algunos son ahora buenos amigos míos. Yo sólo soy venezolana”, hace honor a la verdad.

Ambas ilustres pianistas venezolanas polemizaron sobre la realidad nacional el año pasado, y, para Rodríguez, el intercambio resultó en una notoriedad indeseada, porque se define como un artista, cuyas posturas particulares no deben influir en su trabajo.

Sobre Venezuela, dice que aspira que se eleve el debate político, en beneficio de todos los ciudadanos. En Inglaterra, avanza la virtuosa del piano, los candidatos políticos deben presentar un plan de gobierno, que se conoce como manifiesto, para que los electores razonen su voto suficientemente, calibrando incluso aspectos presupuestarios, para dimensionar en su justa medida la factibilidad de las propuestas de algún candidato. 

Y canta claro, sin volverse –para nada- un seis por ocho: “Yo he grabado más de 200 piezas de autores venezolanos, y no estoy segura de que un artista deba alinearse con un punto de vista político para tocar en el Teatro “Teresa Carreño”. Te puedo garantizar que eso no es así. Yo hago cultura y hago piano en donde sea. Yo estoy por meterle el hombro a Venezuela en donde sea. No hablo mal de mi país en ninguna parte. Respeto el punto de vista de los demás. Es una cosa un poco ingrata. Pero no voy a imponer a nadie mi punto de vista”, expresa con claridad.  

Clara Rodríguez afirma que en Venezuela “se necesita conciencia ciudadana, que la gente tome el control de sus comunidades”.

¿Quién es Clara Rodríguez?

Nació en Caracas, donde realizó estudios en el Conservatorio “Juan José Landaeta” con la pianista Guiomar Narváez. A los 17 años ganó por concurso una beca del Consejo Nacional de la Cultura para seguir estudios de pre y post grado en el Royal College of Music de Londres. Allí estudió con la legendaria pianista inglesa Phyllis Sellick. 

Clara Rodríguez se distinguió ganando numerosos premios, incluyendo el Mozart Prize y Percy Buck Awards así como realizó presentaciones con las orquestas del RCM en la interpretación de “Noches en los Jardines de España”, de Manuel De Falla; “Rhapsody in Blue” de George Gershwin; y el “Concierto en Sol”, de Maurice Ravel en la prestigiosa sala St. John’s Smith Square.

De su primera presentación pública, a la edad de 13 años, en el Ateneo de Caracas, el crítico Israel Peña se expresó de la siguiente manera: “Cabe decir que en sus interpretaciones hubo algo más de lo que esperábamos, algo fuera de serie, en fondo y aspecto, delicadeza y magia en el toucher”.

A los dieciséis años Clara interpretó el Concierto No. 27 de Mozart con la Orquesta “Simón Bolívar”, bajo la dirección de José Antonio Abreu, evento que fue televisado en vivo.

Sus CDs de la obra pianística de los compositores venezolanos Moisés Moleiro (Nimbus), Federico Ruiz (Universal), Teresa Carreño (Nimbus), y del cubano Ernesto Lecuona (Meridian) le han valido los mejores elogios de la crítica

FUENTE: http://www.clararodriguezpianista.blogspot.com

Por: Alejandro Ramírez Morón

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El corazón de oro de María Gabriela Isler

Alta, delgada, elegantísima, de ojos magnéticos y sonrisa amplia y generosa. Fue duramente atacada por la prensa internacional al vestir un traje de baño valorado en 1000000 de dólares, en el transcurso del Miss Universo 2013. Sin llegar apenas a la treintena, ya ha tocado el cielo de la fama, pero en las alturas sintió un vacío en el estómago, que la hizo volver la vista a los de abajo. No ha tomado el curso del modelaje, ni la actuación –ruta natural de todas las misses-, sino el camino sacrificado, pero noble, de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

“Cumplí 27 años en marzo. Competí como Miss Guárico, en 2012, en el Miss Venezuela. Gané Miss Elegancia y Miss Venezuela. Recuerdo la noche con muchos nervios. Es una mezcla de emociones, y nunca me imaginé estar allí. Muchas muchachas sueñan desde niñas con eso, pero yo no, aunque creo que estaba destinada.

Solo era modelo, y llegué hasta allí. Se abren muchas puertas, buenas y malas. Si eres lo suficientemente despierta, puedes aprovechar lindas oportunidades”, le centellea la mirada a María Gabriela Isler, ganadora de Miss Venezuela 2012, y -no contenta con eso-, también de Miss Universo 2013.

Cuando ganó Miss Venezuela pidió que le asignaran varios voluntariados: trabajó con el Hospital Ortopédico Infantil y con el San Juan de Dios. Cuando ganó el Miss Universo, en 2013, entró en algo mucho más superficial. “Los venezolanos somos solidarios, y en el Miss Universo son tantas nacionalidades, que no todas las muchachas tienen ese rasgo”, dice, en torno al roce internacional.

Solo para asomarse al ventanal de su corazón de oro: “Estoy concentrada en retribuir a mi país, crear nexos y alianzas entre distintas organizaciones, especialmente en el embarazo adolescente. Durante el Miss Universo trabajé con prevención del VIH, en New York City. Acá en Venezuela nunca tuve la ocasión de trabajar con VIH”, precisa la vocera.

 

Life is management

Tuvo la oportunidad de terminar su carrera. Estudió Ciencias Gerenciales y Administrativas. Cuando estuvo en Nueva York, tuvo una vida de princesa, los mejores hoteles, lo mejores restaurantes, pero confiesa que al final se tiene todo y no se tiene nada. “Cada vez que hacía voluntariado me llenaba el alma, y eso me llenaba de paz.

Entendí que la RSE es mi pasión. Una vez que entiendes eso, no vas tras el dinero ni la fama, sino tras lo que te hace feliz. Pero cuando haces lo que te gusta, tienes garantizado el éxito”, sonríe con determinación, trajeada con sencillez, las manos largas entrelazadas dulcemente.

Isler aclara que no es que no le guste el modelaje, ya que ha sido modelo desde los 14 años, y es algo que disfruta. Pero comienza a pensar –relata la valenciana- en lo quedará a su familia a futuro, quiere estabilidad a largo plazo, algo que la llene. Está comprometida en la parte social. Pero no quiere correr, sino ir paso a paso.

“Tengo mi novio, desde hace 4 años, y él me ha acompañado en este largo camino de los concursos de belleza. Todavía no nos sentimos preparados para casarnos, pero sí somos una pareja muy estable, gracias a Dios, una pareja que se ha fortalecido en la distancia, y en las adversidades. Lo que va a ser, será, pero nosotros seguimos trabajando en nuestra relación, para estar preparados cuando llegue el momento. Creo en Dios, soy muy devota de la Virgen María, especialmente en la advocación de la Guadalupe y la Rosa Mística. Soy católica y me formé en un colegio concepcionista”, regala un retazo de cálida intimidad.

Y echa el cuento de su vida, con las manos todavía calientes, luego de haber entregado la corona de Miss Universo 2013: “Tengo unos pocos meses en Miami. Hay muchos latinos, pero no tengo a mi familia, sino a mis amigos, y a su familia. Mis padres están divorciados, y mi padre tiene una nueva familia, dentro de la cual tengo dos hermanitos.

Somos dos hermanas, del primer matrimonio. Me gusta la música indie. También el chill out. Cuando estoy volando me llevo algún libro. Me gustan los libros de gerencia.

Pero no me veo trabajando como gerente de una empresa. Después de hacer trabajo de campo, me cuesta verme dentro de cuatro paredes. Estoy más comprometida con mi proyecto, y con el país, más que con el proyecto de algún tercero”, espeta, con la vida entera por delante.

 

La vida es un viaje

Viaja con mucha frecuencia. Puede variar, pero va casi semanalmente a Nueva York, porque allí están los headquarters de las organizaciones con las que trabaja. Recién estuvo en México, Guatemala y Londres. Es muy variado. Le encantaron Praga, Viena, y dice que la cultura asiática es muy interesante, pues estuvo en Filipinas e Indonesia.

“De pequeña siempre íbamos a Morrocoy, porque vivíamos en Maracay, y era lo que quedaba más cerca. No conozco el Amazonas, y estoy loca por ir”, expresa.

Consultada acerca de los niveles altísimos de estrés que una corona puede suponer, dispara que se toma muy en serio su trabajo y que es muy responsable. Miss Universo no deja la oportunidad de relajarse, y ella –garantiza- era muy rigurosa, en términos de puntualidad, y todas esas cosas. “Es un año muy agotador, el de Miss Universo. Ahora me siento más tranquila, porque soy dueña de mis decisiones, pero conocí muchas culturas, y conocí a muchas personas que hoy me están orientando”, declara alrededor del prometedor networking obtenido.

También conoció muchas variedades gastronómicas. Le encanta la comida, especialmente la casera. Su mamá cocina delicioso, e incluso ella misma –lanza un juramento- cocina bastante bien. “No sigo una rutina dietética especial, ni soy muy amiga de ir al gimnasio. Pero estuve con un nutricionista, y aprendí a balancear la alimentación. Nunca he sido deportista, pero hago un poco de cardio, de yoga, y Pilates”, cuenta la preciosa modelo y activista social.

 

Cerrando ciclos

Pero, ¿cómo se para María Gabriela Isler de cara a su vida futura? “Hablar de mis planes es difícil. Uno no sabe cuándo se van a dar las cosas. Lo principal es concretar mi proyecto de RSE con niñas y adolescentes. Estoy en reuniones, y sigo en contrato con Venevisión, por un año, y también estaré apoyán dolos en el área de RSE. Es un acuerdo con Venevisión, y no sé si más adelante se extienda al Grupo Cisneros. Estoy cerrando ciclos”, pisa tierra y le baja dos.

“A pesar de que la situación en Venezuela cada vez está más complicada, yo sí creo que hay una esperanza. Tenemos que ayudarnos entre hermanos venezolanos. Yo apuesto por mi país, y quiero verlo más productivo. Voy a estar con un pie en Miami y otro en Venezuela. Debemos buscar cómo ser mejores personas, ayudando al que tenemos al lado. La solución pasa por la solidaridad. Se ha dejado eso de lado”, concluye, María Gabriela Isler.

Un alma hermosa, que habita un precioso cuerpo de modelo. Una embajadora de excepción para la RSE, y acaso una muestra clara de que Venezuela no solo tiene mujeres bellas, sino también muy talentosas, inteligentes, y, sobre todo, muy trabajadoras. María Gabriela Isler es toda una reina.

 

Por Alejandro Ramírez Morón

 

 

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“No dejaría la música por el cine”

Alto, moreno, atlético, sexy, y con unos ojos rasgados que le han valido el epíteto de “Chino”. Un muchacho humilde, que hoy bebe las mieles del éxito y la fama, luego de muchos años de sudor y trabajo duro. Comenzó en la música, pero el año pasado el séptimo arte tocó su puerta, parece que para quedarse. La faena implicó muchas cosas, entre ellas engordar un poco, y echar una barriguita, que puso a sus fanáticas a suspirar por el recuerdo de sus “chocolatitos”.

“Yo nací en Juan Griego, a 15 minutos de Pedro González. Pero crecí en Caracas. Todas las fiestas de 24 y 31 de diciembre nos reuníamos la familia y los amigos a tocar música, con cuatro, trompeta, maracas, etcétera. Yo toco guitarra. A los 15 años de edad, decidí dedicarme a la música. Pero antes quería dedicarme al béisbol. En diciembre de 1999 fue asaltado por ladrones, que me dieron un disparo en una pierna, y echaron por la borda mi carrera como pelotero”, arranca por un piconazo de su propia vida, Jesús “Chino” Miranda, el chico sexy de la agrupación Chino & Nacho.  

Relata que vivía en Macuto, y vino el deslave de 2002. Su familia quedó damnificada. Por esto, se vinieron a Caracas. Entró a estudiar en el colegio Cristo Rey, de Santa Mónica. Allí recibió clases de música, y esto era muy importante en el colegio. Es allí donde comienza con el canto.

A los 16 años –echa el cuento- arranca con su primer grupo, que se llamó Escala 1. Hicieron un CD con 12 canciones. Fueron mucho a Sábado Sensacional, Televen, RCTV; había muchos programas de espectáculos en ese momento.

“A los 18 años de edad, arranco con la agrupación Calle Ciega, y a partir de ese momento conocí la fama. Ahora tengo 30 años de edad. Hace ya casi 15 años. En Calle Ciega tocaba con Nacho, mi compañero de grupo hoy en día. Decidimos hacer nuestra música más internacional, y separarnos de Calle Ciega, grupo en el cual él y yo éramos los que componíamos los temas; estamos musicalmente muy unidos”, dice en torno a su alter ego musical.

El Malquerido

Recientemente, Chino incursionó en el cine con El Malquerido, una cinta sobre la vida del célebre bolerista venezolano, Felipe Pirela. “La película sobre Felipe Pirela, que acabo de rodar como protagonista, dirigida por Diego Rísquez, es una gran oportunidad para mí y para el cine nacional. Pirela es parte esencial de la historia musical del país y un personaje muy exitoso”, enciende el proyector.  

Y se va a la fase de preproducción: “Hice el casting, y a Diego Rísquez le pareció que mi actuación como Pirela era muy natural, si bien me dijo que debía pulir muchísimas cosas. Tomé clases de actuación, para poder pulir el personaje. Grabé un disco con 14 boleros para la película”, canta claro.  

Recientemente le disparó al periodista Pablo Blanco, de la revista Estampas: “Mira, yo desde que llego al set y me pongo esta ropa, les pido a todos los compañeros que me llamen Felipe. Yo no fumo normalmente y cuando estoy acá saco mi cigarrera de época y me provoca fumar... Me jorobo sin querer, saco un poquito más la barriga... Son cosas que naturalmente me hacen sentir en personaje. Lo primero que me dijeron mi acting coach, Sheila Monterola, y el maestro Héctor Manrique fue: ‘No lo actúes, para poder entenderlo tienes que vivirlo’. Y así lo he hecho”.

Héctor Manrique, personifica al maestro Billo Frómeta. Iván Tamayo, tiene el personaje de José Paiva, el mánager de Felipe Pirela. Greisy Mena, interpreta a Mariela Montiel, la adolescente de 13 años con la que Pirela se casó a los 23 años. Mariaca Semprún es Aminta, la madre de Mariela, al tiempo que Ray Ángel Torres hace el rol de Héctor París, el padrastro de la criatura. Nohely Arteaga interpreta a Gina, la esposa de Paiva, y Sonia Villamizar es Haydée, la señora de Billo. De su lado, Abilio Torres es Edgar Pirela, el hermano inseparable de Felipe, y Sócrates Serrano, destaca en el rol de Daniel Sánchez, el abogado del cantante.

Un indígena chino

Su paso por esta película, indica el vocero, abrió las puertas para otro proyecto con Diego Rísquez, que se llama Guaicaipuro. Es importante recordar –remarca Jesús “Chino” Miranda- que fueron 30000 indígenas en la resistencia contra España. “Acá voy a estar en la producción ejecutiva. El rodaje comienza en abril de 2016. Ahora estamos en fase de preproducción”, expresa Chino. 

“Esto del cine latino me emociona mucho. Hay buenos guiones, pero poco presupuesto. Hollywood tiene mucha gente seria, y sería maravilloso incursionar en la meca del cine, pero lo que de verdad quiero es apoyar al cine latino. Estuve conversando hace poco con el actor venezolano Edgar Ramírez, y hablamos de la posibilidad de apoyar nuevos proyectos. Ahora hay muchos libretistas y directores latinos ganando el Oscar. Recientemente vi la cinta La Casa del Fin de los Tiempos y Secuestro Express, y me di cuenta de que el cine latino no tiene nada que envidiar a Hollywood. En Venezuela hay muchas historias que contar, como La Sayona, por ejemplo, o la figura de El Libertador, Simón Bolívar”, se emociona y eleva el tono con ilusión.

Su carrera en el cine –lanza un juramento- no reemplaza a la música. “Nacho y yo tenemos una empatía musical muy fuerte. Nunca dejaría la música, por lo cambios que con ella puedo generar. A partir de la película vinieron muchas propuestas para teatro, pero por los momentos, con el cine y la música tengo suficiente”, se seca el sudor. 

Radio Universo

Pero hay buenas nuevas para los fanáticos de Chino & Nacho: “Estoy contentísimo con nuestro más reciente disco. Se llama Radio Universo. Lo consideramos muy importante, por ser el más maduro de nuestra carrera. Tiene 18 canciones. Tenemos la colaboración de Silvestre Dangone, Farruko, Chiqui Rivera, Gente de Zona, y Gerry Rivera, entre otros varios”, se detiene en el rosario de celebridades que dan brillo a la obra.

Y remata haciendo un sumario de sus afanes promocionales: “En diciembre arrancamos la gira en el Sambil de Caracas. Pero ya hemos tocado en Canadá, Colombia, Ecuador, New York, entre otras plazas. Vamos a estar en el Forum de Valencia, y en el Palacio de los Eventos, en Maracaibo. Ya hemos hecho los videos de Mi Chica Ideal, Tú me quemas, y Me Voy Enamorando”. 

Chino vuelve la vista sobre sus emociones interiores: Hay que tener –deja en claro- mucha madurez ante la fama. Cuando eres joven, garantiza Chino, pasan muchas cosas por tu cabeza. “Yo anduve un tiempo por las nubes, pero luego tuve que pisar tierra. Los valores familiares son muy importantes. Las amistades, la familia, y la pareja son cosas muy importantes. Siempre estoy pendiente por teléfono. Forma parte de lo que es sentirme humano y sano. Hace poco Nacho y yo hicimos un video en Petare. Fue muy hermoso compartir con los jóvenes, y saber que uno es parte de sus sueños, eso no tiene precio”, lanza una contagiosa risotada.  

Vive en Miami, pero viaja constantemente. Su agenda es muy apretada, y resiente que –cada tanto- los fanáticos separan al dúo Chino & Nacho, vía Twitter. Él no se queja: la fama le viene como anillo al dedo.

Por Alejandro Ramírez Morón

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Desenchufados también se goza

Aunque se unieron como grupo en 1991, desde que aparecieron en la escena musical, por allá por 1995, he sido admirador de la música de Los Amigos Invisibles. Los conozco desde hace mucho tiempo y he tenido la oportunidad de entrevistarlos en varias ocasiones, pero nunca inmersos en una gira.

Gracias a mis amigos de Telefónica/Movistar, me tocó la dicha de presentar a la agrupación en parte del tour que los trajo a Venezuela. Estuve con ellos en Valencia y Barquisimeto, dos de las plazas en las que se presentó el grupo a casa llena, tal como ocurrió en Maracaibo y por supuesto, en el Teatro Teresa Carreño, en Caracas.

A pesar del ajetreo que amerita estar pendiente de ensayar en el lugar, chequear el sonido, y verificar todos los detalles de producción, busqué la manera de que me dieran un hueco en su apretada agenda para conversar un rato. Fijamos un horario con su tour manager, y para mi grata sorpresa, LAI estuvieron puntuales en el camerino, lugar donde realizamos la entrevista, justo unos 45 minutos antes de que comenzara el show.

Llegaron relajados, recién bañados y puede decirse que descansados, aunque prácticamente estaban llegando a Valencia desde Caracas. Como buenos Amigos que son, me ofrecieron algo de tomar. La idea no era hacer una entrevista tradicional, les dije, era más bien una conversación amena la que quería tener con ellos.

Así lo entendieron todos, y el ambiente por supuesto se prestaba. Así que comencé a hacer mis preguntas al percusionista Mauricio Arcas “Maurimix”, Julio Briceño “Chulius”, voz líder y  el bajista José Rafael Torres “Catire”. A los pocos minutos se incorporó José Manuel Roura “Mamel”, encargado de la batería.

TOUR ACÚSTICO

  • ¿Qué tal la experiencia de hacer un concierto acústico? No es lo usual en Los Amigos Invisibles.

Maurimix: Súper contentos, porque hemos visto la receptividad de la gente. Aunque en un principio, un poco asustados, porque nosotros somos un grupo eléctrico, que toca temas que están muy arriba y de repente hacer ese swtich a lo acústico, puede ser difícil de entender.

Sin embargo, nuestras canciones están igual, arriba. Además, esto nos permite ir un poco a las raíces, con mambo, chachachá, bolero, bossa nova. No te niego que da un poco de miedo, pero tuvimos la oportunidad de probarlo en Ciudad de México en diciembre y en Guadalajara, y la respuesta fue increíble.

Julio: Tuvo una repuesta muy buena de la gente, tanto que de pronto y nos convertimos en un grupo acústico.

En este Tour, LAI compartieron  escenario con sus invitados especiales, el pana de Caramelos de Cianuro, Asier Cazalis, quien estuvo en Caracas y Valencia interpretando Mentiras; la talentosa y bella Laura Guevara los acompañó en Viviré para ti; el zuliano Nelson Arrieta estuvo en Maracaibo y cantó Óyeme Nena; Servando Primera también llegó a la capital zuliana para interpretar Esto es lo que hay. Además estuvieron presentes músicos de lujo como Edward Ramírez, de C4 Trío; Alfredo Naranjo; Carlos “Nené” Quintero; Vladimir Quintero; Fernando Valladares y el cuarteto de cuerdas Libertador, con integrantes del Sistema de Orquesta Juveniles, dirigido por Álvaro Paiva.

  • Intentaron traer este tour desde el año pasado.  ¿Creen que el público lo estaba esperando?

Catire: Yo creo que sí, por ejemplo, el haber llenado el Teresa Carreño fue lo máximo, pues es un teatro en el que uno, siendo caraqueño, siempre sueña tocar. El solo hecho de tocar ahí, ya es un logro. Ya con eso, es brutal.

Julio: Además yo creo que Venezuela siempre necesita de música, sin caer en pan y circo. Yo estoy muy conectado con Venezuela. Hay unos que creen que hacer política es el camino, y otros quienes con la parte artística satisfacemos otras necesidades. Cada quien tiene sus responsabilidades ciudadanas.

Desde que Los Amigos Invisibles comenzaron a tener éxito fuera de nuestras fronteras, sus integrantes se radicaron en el exterior. Nueva York, Los Ángeles, Miami y México fueron las ciudades escogidas por los chicos. A excepción de Mauricio, quien vive en Caracas.

Maurimix: Yo aún vivo acá, aunque ya tomé la decisión de irme a vivir a Miami. Shows como este, sin duda, hacen falta.  Por lo que nos contenta saber que estamos colaborando de alguna manera con el público, que siempre nos agradece y nos dice: ´nos hacía falta ver a los Amigos, nos hacía falta ver esa gozadera´.  

  • ¿Qué es lo que más te gusta de trabajar en Venezuela?

Julio: Aquí hay mucho amor jajajaja.  Cuando hablo con mi esposa le digo: ´me siento muy bien en darle esto a mi gente de Venezuela´.

Catire: Uno hace esto porque lo disfruta.

A pesar de que el formato acústico puede suponer un concierto más sereno, como bien dicen Los Amigos Invisibles, su música es muy movida para quedarse sentado. Asimismo, al observar la disposición del teatro, cualquiera puede pensar que el público no se va a levantar de sus asientos. No obstante, desde que comienzan a tocar, empieza la gozadera, y no para desde que suena Cuchi Cuchi hasta El Sobón. Fueron poco más de dos horas incansables.  

  • Hacer un disco acústico pareciera ser más económico, ¿no?, ¿Y hasta se pudiera repartir todo el trabajo entre 4 y no 6 músicos?

Julio: Por el contrario, es más costoso. Son más músicos. Hay sección rítmica, cuerdas e invitados especiales.

Mamel: No creo, la figura de la banda son 6. La guitarra y los teclados las tocan músicos invitados, por los momentos. No pueden dejar de estar, porque ese es el formato original de la banda…como comenzamos. La inclusión de estos dos nuevos músicos nos da ese aporte.

DESPUÉS DE LA CRISIS, UNA NUEVA BANDA

Los Amigos trabajan por ahora con dos nuevos integrantes: Agustín Espina, tecladista y productor zuliano radicado en Miami, ex Guaco y ex Mermelada Bunch; y Daniel Saa, guitarrista, o mejor dicho multi-intrumentista, egresado del colegio Emil Friedman y graduado en el Berklee College of Music. Espina sería el encargado de sustituir a Armando Figueredo, quien decidió abandonar la banda para dedicarse de lleno a sus estudios de actuación en Nueva York, y Saa hará lo propio en la guitarra, al salir una de las piezas fundamentales de la banda, José Luis “Cheo” Pardo, conocido también como “DJ Afro”.

Mamel: Cheo decidió tomarse un año sabático y al pasar el tiempo se dio cuenta de que se sentía mejor como estaba. Y Armando ya nos había planteado que quería seguir su camino como actor y prepararse para ello.

Catire: De cada crisis salen cosas buenas, y creemos que el próximo trabajo de LAI será algo trascendental en nuestra carrera, junto a los nuevos integrantes.

Mamel: Los venezolanos son los que más notan que Cheo y Armando no están, porque los reconocen físicamente, pero afuera ni se enteran. La gente nos ha apoyado. Las cosas cambian, igual la estamos gozando, eso nos ha llenado de impulso para de verdad ser más ambiciosos en el próximo paso de LAI. No podemos quedarnos, hay que ir hacia adelante.

Julio: Tenemos 24 nuevos temas que aún no hemos grabado, y desde que entraron los dos nuevos músicos estamos ensayándolos.

  • El síndrome de las bandas que tienen muchos años es que terminan tocando los temas que fueron éxito, y presentan pocas cosas nuevas… ¿eso pasará con LAI?

Julio: Somos esclavos de interpretar las canciones con las que nos conocen.

Mamel: Pero ya estamos listos para salir con un CD/DVD de este tour acústico, primero con Sony México y luego con Sony Venezuela.

Maurimix: En paralelo se está produciendo el nuevo disco, con esos nuevos temas.

  • ¿En ese disco escucharemos nuevas fusiones?

Julio: Seguro, quizás un poco de disco music, pero más lento, algo de funky reggae y seguirán presentes los ritmos latinos.

Después de los conciertos en los que los acompañé vino la celebración, donde todos quienes participaron festejaron el éxito del tour. Algunos decidieron seguir la rumba después del show y se fueron a lugares nocturnos emblemáticos de las ciudades que visitaron.

Julio me confesó que él prefería irse a la habitación a dormir, pues sus cuerdas vocales necesitan descansar. “Ya no es igual que antes, ya no somos unos chamos” me dijo, con una expresión de satisfacción de haberle dado a su público esa alegría que todos necesitamos, aunque sea por un rato.

Con la calidad que los caracteriza, Los Amigos Invisibles seguirán cosechando éxitos. Ya tienen tres nominaciones al Grammy estadounidense y seis al Grammy Latino, este último obtenido en 2009. Estaremos esperando sus nuevas producciones en los próximos meses, por lo que podemos asegurar que, a pesar de que han pasado 24 años,  la gozadera pica y se extiende. 

Desde que presentaron en 1998, A Typical Autoctonal Venezuelan Dance Band, hasta Repeat after me, de 2013, Los Amigos Invisibles han editado 10 discos.

 LA QUE ME GUSTA / LOS AMIGOS INVISIBLES

https://www.youtube.com/watch?v=OCM2pNdgzsc

MENTIRAS / LOS AMIGOS INVISIBLES

https://www.youtube.com/watch?v=eEjrqWcKzbE

CORAZON TATÚ / LOS AMIGOS INVISIBLES

https://www.youtube.com/watch?v=JQ52yB4pQnE

Por Sergio Novelli 

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