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El místico paisaje de La Gran Sabana

Reconocido como uno de los destinos turísticos más emblemáticos de Venezuela, La Gran Sabana es un edén de majestuosos paisajes donde reinan los tepuyes, las enigmáticas montañas de paredes verticales y cimas planas, consideradas las formaciones geológicas más antiguas del planeta.

Muchos son los que sueñan con ir, por lo menos una vez, a La Gran Sabana para vivir la emoción de ver los tepuyes desde la carretera y bañarse en las aguas frías de los célebres ríos y saltos de agua, que sorprenden a los turistas con su fuerza y la intensidad de sus colores.
La Troncal 10 – vista por muchos como la carretera con el mejor paisaje en Venezuela- es un espectáculo magistral segundo a segundo, que permite ingresar por tierra al extremo oriental del Parque Nacional Canaima.

Si se parte bien temprano desde Puerto Ordaz, la ca- rretera conduce por distintas poblaciones del estado Bolívar: Upata, Guasipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y Las Claritas.

A media tarde se puede entrar a la Sierra de Lema, una constante subida rodeada de bosque denso que cubre toda la vista, es justo en ese momento cuando debe estar alerta y poner toda la atención en la vía, porque sin previo aviso el bosque se acaba y se abrirá ante los ojos del viajero uno de los paisajes más enormes que haya visto, la inmensidad abarca cada lado y el paisaje es como para quedarse sin aliento.

El plan básico en La Gran Sabana es seguir la carretera para detenerse en cada uno de los atractivos, casi todos están muy bien señalizados y a poca distancia de la vía. Este es un viaje para tener los ojos siempre atentos al gigante paisaje de la sabana, que cambia minuto a minuto con las nubes, que pueden cubrir o despejar la vista de la cadena oriental de tepuyes.

No olvide llevar protector solar, repelente para mosquitos y ser muy responsable en el cuidado de cada espacio que visite. Alguno de los lugares por conocer son:

RÁPIDOS DE KAMOIRÁN

Suele ser un parador turístico con mucho movimiento, porque hay una estación de gasolina, algo muy importante en La Gran Sabana. Aunque las instalaciones lucen un poco descuidadas, es un buen lugar para comprar artesanía, tomar un café y comer algo luego de tantas horas de carretera.
Lo ideal es caminar por un corto sendero hasta el río, para ver sus pequeñas caídas de agua y darse el primer baño sabanero.

SALTO KAWI

Es un lugar muy bonito y espacioso, bastante sencillo en infraestructura pero sorprendente en naturaleza. Hay un salto muy llamativo para admirar, aunque no es tan alto, y el agua corre veloz hasta una poza amplia.
Para ingresar al mirador se debe cancelar una entrada por un precio bastante bajo. Este es un buen punto para acampar, es extenso y sus anfitriones son estrictos con las normas del lugar, para mantenerlo limpio y que siempre predomine el sonido de la naturaleza.

SALTO KAMÁ

Casi a un lado de la carretera se encuentra este espectacular salto, uno de los más vistosos de La Gran Sabana, de unos 60 metros de alto. Es increíble la fuerza con la que se lanza el agua y el ruido que produce, verlo es un chorro de energía pura.
Hay un sendero por el que se puede bajar para observar casi de frente la corriente de agua de colores que baja por enormes rocas. También es un lugar preferido por muchos para acampar, al menos en temporada baja.

MIRADOR EL OSO

Debe ser el mejor lugar para detenerse a ver los tepuyes, hay un desvío en la carretera hasta un punto que casi parece un balcón sobre la sabana, desde ahí se observan seis de los siete tepuyes que conforman la cadena oriental: Ilú, Tramen, Karaurín, Wadakapiapue, Yuruaní y Kukenán. Es toda una fortuna ver el paisaje despejado, magia pura para los sentidos.
 

QUEBRADA PACHECO

También está junto a la carretera y hay dos áreas para darse un baño. Primero hay un gran pozo esmeralda con una cascada no muy alta, por donde cae el agua, es perfecto para nadar y refrescarse. Más adelante está una caída de agua inmensa, con piedras enormes de colores, aquí lo interesante es caminar con mucho cuidado hasta la pared para recibir los chorros de agua, es la mejor inyección de vitalidad. Si se camina desde ahí se llega a La Piscina, otra poza de agua que es un edén.

SALTO YURUANÍ

Si tuviera que elegir, este sería uno de mis lugares favoritos en La Gran Sabana, esta caída de agua puede dejar a cualquiera lleno de asombro total, con su tamaño, sus colores y la frescura de su río, que parece un elixir para la vida. Hay que desviarse al pasar sobre el gran puente sobre el río Yuruaní y se camina por un sendero al lado del río hasta llegar muy cerca de la cortina de agua, por la que nadie debe atreverse a pasar sin equipos de seguridad y guías. Lo mejor es observar la gran cascada desde un lado y bañarse río abajo, donde la corriente no es tan fuerte.
 

SAN FRANCISCO DE YURUANÍ

Es el pueblo central en La Gran Sabana, al igual que Santa Elena de Uairén, aquí se encuentran varias posadas, restaurantes sencillos para comer y un gran corredor frente a la vía para comprar recuerdos del viaje y artesanía local. En San Francisco pueden conseguir guías y porteadores si deciden subir al tepuy Roraima, que es otra experiencia que toma al menos 6 días. Aquí hay un gran campo de fútbol con grama muy verde que en temporada alta sirve de área de camping.
Este es un buen lugar para caminar por el pueblo y compartir con los pemones, la etnia anfitriona de La Gran Sabana.

QUEBRADA DE JASPE
Es uno de esos lugares emblemáticos, sus piedras increíblemente rojas y su agua fresca son un regalo excepcional. Se debe cancelar un monto de entrada y subir unas largas escaleras, para luego caminar hasta la quebrada. Es importante moverse sobre la piedra con medias para evitar caídas, esta recomendación aplica en todos los ríos de la zona. Es tarea obligada bañarse sobre la corriente de la quebrada, es muy divertido y relajante.

Por: Alejandro Monzón

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El místico paisaje de La Gran Sabana

Reconocido como uno de los destinos turísticos más emblemáticos de Venezuela, La Gran Sabana es un edén de majestuosos paisajes donde reinan los tepuyes, las enigmáticas montañas de paredes verticales y cimas planas, consideradas las formaciones geológicas más antiguas del planeta.

Muchos son los que sueñan con ir, por lo menos una vez, a La Gran Sabana para vivir la emoción de ver los tepuyes desde la carretera y bañarse en las aguas frías de los célebres ríos y saltos de agua, que sorprenden a los turistas con su fuerza y la intensidad de sus colores.
La Troncal 10 – vista por muchos como la carretera con el mejor paisaje en Venezuela- es un espectáculo magistral segundo a segundo, que permite ingresar por tierra al extremo oriental del Parque Nacional Canaima.

Si se parte bien temprano desde Puerto Ordaz, la ca- rretera conduce por distintas poblaciones del estado Bolívar: Upata, Guasipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y Las Claritas.

A media tarde se puede entrar a la Sierra de Lema, una constante subida rodeada de bosque denso que cubre toda la vista, es justo en ese momento cuando debe estar alerta y poner toda la atención en la vía, porque sin previo aviso el bosque se acaba y se abrirá ante los ojos del viajero uno de los paisajes más enormes que haya visto, la inmensidad abarca cada lado y el paisaje es como para quedarse sin aliento.

El plan básico en La Gran Sabana es seguir la carretera para detenerse en cada uno de los atractivos, casi todos están muy bien señalizados y a poca distancia de la vía. Este es un viaje para tener los ojos siempre atentos al gigante paisaje de la sabana, que cambia minuto a minuto con las nubes, que pueden cubrir o despejar la vista de la cadena oriental de tepuyes.

No olvide llevar protector solar, repelente para mosquitos y ser muy responsable en el cuidado de cada espacio que visite. Alguno de los lugares por conocer son:

RÁPIDOS DE KAMOIRÁN

Suele ser un parador turístico con mucho movimiento, porque hay una estación de gasolina, algo muy importante en La Gran Sabana. Aunque las instalaciones lucen un poco descuidadas, es un buen lugar para comprar artesanía, tomar un café y comer algo luego de tantas horas de carretera.
Lo ideal es caminar por un corto sendero hasta el río, para ver sus pequeñas caídas de agua y darse el primer baño sabanero.

SALTO KAWI

Es un lugar muy bonito y espacioso, bastante sencillo en infraestructura pero sorprendente en naturaleza. Hay un salto muy llamativo para admirar, aunque no es tan alto, y el agua corre veloz hasta una poza amplia.
Para ingresar al mirador se debe cancelar una entrada por un precio bastante bajo. Este es un buen punto para acampar, es extenso y sus anfitriones son estrictos con las normas del lugar, para mantenerlo limpio y que siempre predomine el sonido de la naturaleza.

SALTO KAMÁ

Casi a un lado de la carretera se encuentra este espectacular salto, uno de los más vistosos de La Gran Sabana, de unos 60 metros de alto. Es increíble la fuerza con la que se lanza el agua y el ruido que produce, verlo es un chorro de energía pura.
Hay un sendero por el que se puede bajar para observar casi de frente la corriente de agua de colores que baja por enormes rocas. También es un lugar preferido por muchos para acampar, al menos en temporada baja.

MIRADOR EL OSO

Debe ser el mejor lugar para detenerse a ver los tepuyes, hay un desvío en la carretera hasta un punto que casi parece un balcón sobre la sabana, desde ahí se observan seis de los siete tepuyes que conforman la cadena oriental: Ilú, Tramen, Karaurín, Wadakapiapue, Yuruaní y Kukenán. Es toda una fortuna ver el paisaje despejado, magia pura para los sentidos.
 

QUEBRADA PACHECO

También está junto a la carretera y hay dos áreas para darse un baño. Primero hay un gran pozo esmeralda con una cascada no muy alta, por donde cae el agua, es perfecto para nadar y refrescarse. Más adelante está una caída de agua inmensa, con piedras enormes de colores, aquí lo interesante es caminar con mucho cuidado hasta la pared para recibir los chorros de agua, es la mejor inyección de vitalidad. Si se camina desde ahí se llega a La Piscina, otra poza de agua que es un edén.

SALTO YURUANÍ

Si tuviera que elegir, este sería uno de mis lugares favoritos en La Gran Sabana, esta caída de agua puede dejar a cualquiera lleno de asombro total, con su tamaño, sus colores y la frescura de su río, que parece un elixir para la vida. Hay que desviarse al pasar sobre el gran puente sobre el río Yuruaní y se camina por un sendero al lado del río hasta llegar muy cerca de la cortina de agua, por la que nadie debe atreverse a pasar sin equipos de seguridad y guías. Lo mejor es observar la gran cascada desde un lado y bañarse río abajo, donde la corriente no es tan fuerte.
 

SAN FRANCISCO DE YURUANÍ

Es el pueblo central en La Gran Sabana, al igual que Santa Elena de Uairén, aquí se encuentran varias posadas, restaurantes sencillos para comer y un gran corredor frente a la vía para comprar recuerdos del viaje y artesanía local. En San Francisco pueden conseguir guías y porteadores si deciden subir al tepuy Roraima, que es otra experiencia que toma al menos 6 días. Aquí hay un gran campo de fútbol con grama muy verde que en temporada alta sirve de área de camping.
Este es un buen lugar para caminar por el pueblo y compartir con los pemones, la etnia anfitriona de La Gran Sabana.

QUEBRADA DE JASPE
Es uno de esos lugares emblemáticos, sus piedras increíblemente rojas y su agua fresca son un regalo excepcional. Se debe cancelar un monto de entrada y subir unas largas escaleras, para luego caminar hasta la quebrada. Es importante moverse sobre la piedra con medias para evitar caídas, esta recomendación aplica en todos los ríos de la zona. Es tarea obligada bañarse sobre la corriente de la quebrada, es muy divertido y relajante.

Por: Alejandro Monzón

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Haití una asombrosa sorpresa

Una interesante mezcla de influencias francesas, africanas y españolas enmarcan a un pequeño país desconocido, donde sol, hoteles de lujo, merengue, vudú, carnaval, ciudades coloniales y playas vírgenes de arena negra invitan al turismo.

La República de Haití es un país de las Antillas, enmarcado por el Océano Atlántico y el Mar Caribe, entre la República Dominicana y Cuba. Abarca diferentes islas, como Gonâve, la Tortuga, la isla de Vaches y el archipiélago de las islas Cayemites.

Playas como las de Ibo, Kyona y Ouanga no dejan nada que desear, tampoco la playa de arena negra en las cercanías de Jacmel. Bassin Bleu, con tres espléndidas cataratas y una ruta para excursiones, a través del monte Puilboreau.

Las actividades al aire libre resultan ideales, especialmente para los amantes de los deportes acuáticos como el buceo. Se puede emprender un paseo hasta Sand Cay en lanchas con fondo de cristal para apreciar los mejores arrecifes del Caribe, o incluso sumergirse en el agua y disfrutar de un espléndido escenario natural. 

PUERTO PRÍNCIPE, MUCHO QUE VER

La principal ciudad del país es su capital, Puerto Príncipe, una dinámica ciudad en constante actividad, con espectáculos callejeros que asemejan lugares como Estambul o Nueva Delhi, pero en una versión caribeña.

En Puerto Príncipe es imperdible visitar el Palacio Nacional y la plaza que lo rodea, así como también el Champ de Mars, llena de edificaciones de los años ´30, entre las que destacan el Museo de Arte del Panteón Nacional y la Casa Defly, que funge de venta de antigüedades. 

La ciudad puede conocerse en transporte público, los famosos tap-taps o camionettes, una suerte de buses o pickups pintados vistosamente de colores vivos, con retratos de gente famosa y ventanas de madera cortada a mano, que sirven como taxi colectivo en Haití. Se toman en el Mercado de Hierro o Mercado Vallières, un lugar que guarda pequeños tesoros en su interior, desde esculturas de madera hasta vajillas de caoba.

Otro espacio turístico, obligado en cualquier ruta, es la Destilería de Ron Barbancourt, lugar donde se produce un ron enriquecido con mango, coco, naranja y café, entre otros sabores. Muy cerca es recomendable la visita al Castillo que lleva ese mismo nombre, un lugar que alberga una leyenda de amor clásico entre un fabricante de perfumes alemán, Rudolph Linge, y una joven haitiana, Jane Barbancourt, quienes viajaron a Nueva York para ver la película “Cenicienta” y se inspiraron en el castillo del príncipe para la maquetación de su mansión.

La Ciudadela o Citadelle, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por su gran valor histórico y cultural, es una gran fortaleza situada en la cima del cerro La Ferrière, edificada entre 1805 y 1820, y se complementa con las Fortificaciones de Ramiers, un anexo formado por una residencia y cuatro fortines menores.

En Haití, hay que conocer las iglesias de referencia, como la Catedral de la Santa Trinidad, con sus murales bíblicos, referentes de la corriente de arte Naif de los años 40 del siglo pasado.

Asimismo, la arquitectura colonial está presente en la isla, y Cap Haitien es el mejor exponente. No en vano, es conocida como la “París del Nuevo Mundo”, pues conserva calles, plazas y edificios coloniales, así como las ruinas del Palacio Real de Sans Souci de 1813.

Visitar Haití es arriesgarse a un viaje ecléctico, distinto y aventurero, en el que convergen cultura, historia y belleza, para dibujar una panorámica inolvidable. 

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La ciénaga de los flamencos

Ubicado en el oriente del estado Zulia, en la frontera regional con el estado Falcón, el Refugio de Fauna Silvestre de la Ciénaga de Los Olivitos fue creado para proteger distintas especies de aves, mamíferos y plantas, pero la estrella del lugar es el Flamenco, un ave exótica y delicada que busca estas zonas lacustres, para reproducirse.

Este reservorio de fauna es considerado por expertos y ambientalistas como uno de los lugares más hermosos de Venezuela.

Los Togogos o Flamencos (Phoenicopterus ruber) llegan a la Ciénaga de Los Olivitos por sus aguas tranquilas y, además, por un ecosistema que no perturba su ciclo biológico. Esta área se considera especial para estas aves por su clima templado, la abundancia de alimentos y suelos húmedos.

Los Olivitos –así se conoce popularmente a este refugio- está ubicado en el nororiente del Lago de Maracaibo, compartiendo las jurisdicciones de los municipios Miranda y Padilla, de dicha región. Tiene una extensión de 260 kilómetros cuadrados. Se decretó como Área Protegida mediante el decreto 1.363, del 20 de noviembre de 1986, para proteger 26.000 hectáreas destinadas a fauna y flora, exclusiva del lugar.

La Ciénaga de Los Olivitos es un humedal que, por sus características, está registrado en la Convención de Ramsar (Irán) de 1996, donde se salvaguarda a este tipo de ecosistemas por su fragilidad y alto valor ecológico, social y económico.

En Los Olivitos se pueden observar manglares, playas, lagunas, marismas, salinetas y dunas donde convergen los ríos Cocuiza y Palmar. Además del Flamenco rosado, es posible avistar ejemplares de tortugas marinas, Manatíes, Corocoras rojas, así como el Botuto –un caracol de gran tamaño que fue muy abundante en el Mar Caribe, pero que hoy se encuentra muy amenazado- y otras 156 variedades de animales. 

LAS NORMAS DEL REFUGIO

Está prohibido acercarse a los flamencos, se deben tomar fotos con teleobjetivos, ya que es un ave en extremo sensible a los ruidos y movimientos de cualquier forma, tanto que pueden dejar sus nidos en modo permanente.

Hay mareas, por lo que las lanchas se pueden quedar varadas en las aguas cuando se produce este ciclo natural, por lo tanto, se recomienda ir a tempranas horas de la mañana y regresar a puerto antes de las 3 de la tarde.

Se debe llevar abundante agua, protector solar factor 80 o 100, usar mangas largas y sombrero para protegerse del sol.

Se debe respetar en todo momento la integridad del ecosistema, no se puede capturar ningún ejemplar faunístico ni tomar ninguna planta. Hay vigilancia permanente de personal calificado y guardacostas. Debido al decreto de protección, es considerado un área especial.

No botar basura, no fumar, no beber, no hacer fogatas, no usar armas.

Las visitas deben ser guiadas y permisadas, ya que es fácil perderse o sufrir algún percance, sobre todo si no se está debidamente preparado y orientado. No se trata de un zoológico, por lo que el contacto con especies potencialmente peligrosas puede ser directo.

En el área del refugio habita una pequeña población de familias, que vive de la pesca artesanal y la recolección de la sal. Es necesario señalar que la labor de especialistas para reintroducir ejemplares de caimanes de la costa (Crocodylus acutus), en la zona de la Sabana de Los Olivitos, está dando apreciables resultados, por lo que el número de estos reptiles se ha venido recuperando.

Estos cocodrilos son inicialmente sostenidos en el Zoológico Metropolitano del Zulia, donde los bió- logos se han ocupado de criarlos y vigilar su reproducción, ya que se trata de una de las subespecies de cocodrilos más amenazadas del planeta.

ACTIVIDAD TURÍSTICA

En 2016, se organizó el Primer Campeonato Regional de Observación de Aves, en el estado Zulia, realizado por el Ministerio de Ecosocialismo y Aguas (Minea) y Corzutur, para el que se escogió a la Ciénaga de Los Olivitos, como escenario por su diversidad faunística.

Durante tres días, se realizó este torneo ecológico –es una forma sucedánea de cinegética o cacería- donde los participantes identificaron a más de 100 especies de aves. Como atractivo particular, el área tiene un “espejo de agua”, un lago interior de amplia vegetación y singular belleza. Igualmente, se puede disfrutar de la planicie que formaron los ríos Cocuiza y El Palmar, que aportan la única fuente de agua dulce al humedal.

Navegar entre los manglares, en aguas tranquilas, y rodeados por aves de todos los tamaños y colores es una experiencia casi mística. 

El clima es semiárido, con una temperatura media de 28 grados, todo un oasis si se compara con otras zonas del estado Zulia, incluida la propia Maracaibo, donde las temperaturas promedio sobrepasan los 32 grados. Las precipitaciones son escasas a lo largo del año.

Las poblaciones ribereñas del refugio son Ancón de Iturre, Santa Rosa de Agua, El Moján, Altagracia, Sabaneta de Palma, Los Jobitos, Quisiro, Bella Vista de la Candelaria y Boca del Palmar.

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Las Terrenas playas y exuberante naturaleza en la costa dominicana

Arribar a la localidad de Las Terrenas, localizada en la costa atlántica y enclavada en el litoral norte de la sierra de Samaná en República Dominicana, es percibir esa sensación que debe haber tenido Cristóbal Colón al descubrir una tierra virgen, rodeada de exuberantes flores silvestres, majestuosos cocoteros y playas con hermosas arenas de colores entre crema y blanco.

El embrujo de este rinconcito paradisíaco se complementa con el aire cosmopolita que transmite, gracias a la gran afluencia de visitantes y residentes provenientes en su mayoría de Europa y una geografía casi virginal, que arrulla al turista con cantos de aves parecidos a los mirlos, llamados “chinchulines”.

Las Terrenas ofrece hermosas playas, entre las que se encuentran Playa Cosón, Playa Bonita, Playa Las Ballenas, Playa Perdida, Punta Poppy, El Portillo, Playa Estillero, Playa Morón, El Rincón y Playa Limón, que, además, brindan la oportunidad de hacer caminatas por sus suaves arenas, a lo largo de una extensión de 17 kilómetros.

Las actividades acuáticas, como el buceo o el velerismo, son muy concurridas y forman parte de los atractivos del lugar, así como interesantes excursiones.

En Las Terrenas funcionan numerosos restaurantes que brindan delicias de origen francés, italiano, alemán, español, ruso y, por supuesto, la imperdible comida dominicana.

En las noches se encuentran diversas opciones, como los clubes nocturnos La Bodega, Gaia y Replay, donde generalmente se entremezclan locales y turistas, además de restaurantes que tienen música en vivo y hasta bailarines profesionales, sobre todo los días viernes y sábado, para gozar de los ritmos de la música caribeña e internacional.

El pueblo de pescadores constituye otro atractivo turístico, que resulta de la combinación de la construcción de los ranchos del pescador local y la habilidad de su transformación comercial con un toque europeo.

El pueblo de Las Terrenas, en República Dominicana, fue fundado en 1946. El origen de su nombre se remonta al siglo XVII, cuando los piratas holandeses llamaron el lugar La Terrienne, que significa La Terrateniente.

El turismo de esta región está en pleno auge, gracias a la inversión en construcciones turísticas como discotecas, restaurantes, plazas comerciales y una importante oferta en hospedajes, donde privan los hoteles pequeños y complejos de apartamentos modernos y de lujo.

Las principales actividades económicas son el turismo, el comercio y la pesca, las cuales, junto con sus atractivos naturales, cautivan a inversionistas y visitantes, sean dominicanos o extranjeros, para construir o adquirir una segunda residencia, además cuenta con buenos accesos a través de sus carreteras que permiten llegar en dos horas desde el centro de Santo Domingo a Las Terrenas y el aeropuerto de El Catey, abierto a los vuelos internacionales principalmente con conexiones con Europa y Canadá.

Hoy, Las Terrenas es un punto de encuentro para complacer todos los gustos, desde compartir unas vacaciones familiares hasta festejar entre amigos y descubrir los tesoros artísticos locales, sus sabores y sobre todo el placer de conocer este pequeño paraíso tropical.
 

Por: Carmen Domínguez Rincón

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Lago de Maracaibo un "edén" iluminado por un relámpago

El Lago de Maracaibo, en el estado Zulia, sigue siendo el lugar que Alonso de Ojeda, al llegar el 24 de agosto de 1499, por la puerta de entrada a la Cuenca, exclamó: “veis como el Señor quiere premiar nuestros esfuerzos. ¿Visteis jamás maravilla como esta? Es el Edén que perdieron los remotos padres por sus culpas”.

En el Lago, por ejemplo, se verifica uno de los fenómenos meteorológicos más asombrosos del mundo: el Relámpago del Catatumbo. El Lago de Maracaibo abarca 21 municipios, es el más grande de América Latina, y el segundo más grande del mundo.

Jacqueline Pérez Argüello, coordinadora del Museo del Lago, el cual pertenece al Centro de Arte Lía Bermúdez (CALB), expone que estos 21 municipios “no corresponden solamente a Maracaibo”.

“Se han hecho múltiples estudios sobre el problema de contaminación en el lago. Hay que resaltar que no se trata de contaminación por petróleo, sino por aguas negras”, un mohín de angustia le atenaza el gesto.

ÚNICO EN EL MUNDO

En el Lago de Maracaibo hay especies únicas, tanto en flora como en fauna. Se encuentr fauna convencional en peces, como la lisa y la corvina, y además es toda una potencia camaronera. Se trata de uno de los mejores cultivos de camarones del mundo, los cuales son exportados hacia Europa. 

Asimismo, también se encuentra el cangrejo azul, una de las especies más preciadas del mundo. También había toninas, pero desaparecieron. Ahora se encuentran poblaciones de manatíes, sobre todo en el sur del lago hacia las Ciénagas de Juan Manuel, donde también hay nutrias.

“La actividad social en el lago es el transporte marítimo, por lo que también funcionan varios clubes náuticos, como ‘Los Andes Yatch Club’. En el lago se practica el velerismo desde hace años. También hay varios restaurantes y marinas”, señala Pérez Argüello.

Martín Sánchez, director del Museo del CALB, pone sal y pimienta a la declaración de Pérez Argüello: “Para el marabino el lago es importantísimo. Nosotros, en el CALB, estamos centrados enteramente en la misión de rescatar al Lago de Maracaibo y resaltar sus inmensas bellezas. A la entrada del museo, por ejemplo, tenemos un penetrable del maestro Jesús Soto que es acuático, en alusión directa al Lago de Maracaibo”, expresa Sánchez.

EL LADO HEDONISTA

Hay en las riberas del Lago una gran actividad turística y cultural. Por ejemplo, el Hotel Wes- tern tiene un restaurante giratorio a orillas del lago, que permite apreciar la cuenca lacustre en 360°. Esto es en Maracaibo.

Hacia Cabimas y Lagunillas existen bulevares para pasear y conocer un paisaje muy llamativo, o en Santa Bárbara (más hacia el Río Escalante) donde hay un bulevar en el río que va a dar al lago.

“El Centro de Arte Lía Bermúdez tiene el Museo del Lago, pero nosotros no somos una autoridad para ocuparnos de atender los temas ecológicos. Buscamos ser un centro de irradiación y divulgación para el ciudadano del Zulia, con miras al rescate del lago, así como para admirar sus muchas bondades”, precisa Pérez Argüello.

Las iniciativas de conservación están en manos del Ministerio del Ambiente y del Instituto de Conservación del Lago de Maracaibo (ICLAM), en el seno del cual hay un Consejo Consultivo, al cual pertenecen Pdvsa, y también el Instituto Nacional de Puertos, el Instituto Nacional de Canalizaciones, el Instituto Nacional de Espacios Acuáticos, entre otros muchos entes asociados.

“La Cuenca del Lago de Maracaibo es mucho más que un sistema dinámico integrado por un conjunto de elementos físico-naturales y sociales interrelacionados, compuestos a su vez por subsistemas. La Cuenca es biodiversa, es color, lago, mar, ríos, serranías, bosques, montañas, costas, llanuras, humedales, fauna silvestre y acuática, es oasis de aves migratorias y, unido a ello, cuenta con un precioso patrimonio cultural, alimentado por la diversidad étnica de los pueblos que en ella habitan”, remata Martín Sánchez.

Por: Alejandro Ramírez Morón

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Un vuelo inolvidable sobre Roraima

Amanece, los rayos del sol se van trepando sobre el paisaje mientras se camina hacia Campo de Golf- así se le llama a un amplio espacio con fina arena de suelo y rodeado de grandes formaciones rocosas- el silencio de la mañana se quiebra cuando el ruido de las hélices se aproxima, una pequeña aeronave surca el cielo hasta detenerse cerca de los viajeros, que ya tienen día y medio en la cima del Roraima, el más alto de los tepuyes de La Gran Sabana, al sur de Venezuela.

Entre el ruido y la emoción, se aborda, se abrochan los cinturones y se ajustan los audífonos para proteger los oídos. Se eleva lentamente el helicóptero y la vista comienza a dibujarse más impactante segundo tras segundo. Se divisa claramente la forma de las impresionantes rocas, con aproximadamente 2.000 millones de años de existencia.

Sin previo aviso, el Roraima queda atrás, el helicóptero salta al vacío hacia la sabana frente a la inmensa pared del tepuy, son segundos impactantes que estremecen, es asombroso notar la altura de la gran montaña. El sol se ve por el oriente, hacia el otro lado se observa la imponente presencia del Kukenán, el tepuy vecino del Roraima que cautiva con sus formas, su gran caída de agua y el misterio que lo envuelve.

Prosigue el vuelo sobre la asombrosa sabana venezolana, con extensas montañas bañadas de distintos tonos de verde, muchas de ellas todavía permanecen arropadas por las nubes de la noche. Se pasa sobre las copas de los árboles que conforman los bosques de galería, se distinguen claramente los ríos y los largos senderos que conducen al Roraima.

Tras atravesar una gran brecha rodeada de montañas y muchos árboles, algunos giros inesperados le inyectan mayor emoción a los minutos finales del vuelo, para descender finalmente en la comunidad indígena Paraitepuy. Como si se tratara de una máquina del tiempo, fueron menos de 20 minutos de vuelo en contraste con los tres días de caminata que se tarda para llegar hasta la cima. El Roraima luce distante e imponente, la emoción embarga y la adrenalina se diluye entre el silencio de la inmensidad.

LLEGAR HASTA EL RORAIMA

Para visitar este mágico lugar hay que em- prender un viaje de varios días, que inician en La Gran Sabana, en el extremo oriental del Parque Nacional Canaima.

Tras pasar por San Francisco de Yuruaní, hay que trasladarse hasta la comunidad indígena Paraitepuy y registrarse en el Instituto Nacional de Parques. Seguidamente ajusta el equipaje y se distribuye el peso de todos los equipos de camping entre los porteadores.

Inicia la caminata por empinados senderos que atraviesan puentes pequeños de madera y bosques de galería, es importante llevar protección para el sol y los mosquitos.

El primer día de recorrido es, probablemente, el menos agotador y toma unas 5 horas hasta llegar a las inmediaciones del río Tek, un amplio espacio para acampar esa noche, muy cerca del río para darse un baño reparador bajo su pequeña cascada. En este punto se puede disfrutar de la mejor vista del tepuy Kukenán.

El segundo día inicia atravesando el río Tek y al caminar unos minutos más se cruza también el río Kukenán. La recomendación general es pasar los ríos con medias puestas para evitar resbalar. Luego se emprende un constante ascenso hasta el campamento base, tal vez sea el tramo más extenso y agotador, pero la vista del Roraima hace amena la caminata de más de 5 horas.

La meta del tercer día es llegar finalmente a la cima del tepuy, el recorrido inicia atravesando un denso bosque en el que pueden comenzar a apreciarse las especies de plantas endémicas. Posteriormente se asciende por una gigantesca rampa natural en la pared frontal del Roraima, que a cada paso hace sentir más diminuto a cualquiera, hay que atravesar el célebre Paso de las Lágrimas, un alto sendero de muchas rocas bajo una caída de agua.

Luego de varias horas de ascenso se alcanza la anhelada cima, llena de silencio y mucho viento, con extrañas formaciones rocosas por doquier, que son el producto de la erosión durante miles de años. El clima puede cambiar radicalmente en cuestión de minutos.

Dicen los mitos del lugar que si se hace mucho ruido en la cima o alguien quiere llevarse del tepuy uno de los muchos cristales de cuarzo que se encuentran en la superficie, como castigo lloverá torrencialmente. El Roraima es un lugar de misterios y energías que cautivan.

Se instala campamento en uno de los hoteles, que son enormes cuevas que protegen del viento y la lluvia, hay más de 10 y lo ideal es encontrar espacio en una, porque acampar a la intemperie puede ser realmente extremo. Se prepara todo para explorar el Roraima durante día y medio, uno de los atractivos más llamativos son Los Jacuzzis, unas pozas frías con agua cristalina y fondo de cuarzos, sus colores son muy llamativos y por eso son de los lugares más emblemáticos para fotografiar.

Por la misma ruta se llega a La Ventana, un abismo gigantesco para desafiar los miedos a la altura y contemplar un paisaje maravilloso y difícil de olvidar.

También se puede subir hasta El Maverick, el punto más alto del tepuy, sobre los 2.800 msnm. Se le llama así porque desde la distancia se le observa con la forma de un vehículo del modelo que le da su nombre.

Dependiendo del clima y de la condición física de los viajeros, se pueden hacer caminatas más largas como la del Punto triple, el lugar sobre Roraima que divide las fronteras de Venezuela, Brasil y Guyana.

En cualquier caso es muy importante ser muy respetuoso con la naturaleza en todo momento, sin olvidar nunca que es todo un privilegio poder pisar una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo.

Por: Eduardo Monzón

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Saint Maartenn un paraíso para relajarse

Saint Maarten es una pequeña isla de las Antillas, un auténtico paraíso para relajarse, practicar deportes y disfrutar de los placeres de la vida, rodeado de arenas blancas, aguas cristalinas y un clima propio del trópico.

Tal y como Colón la divisó desde su carabela en 1493, Saint Maarten aún conserva ese calificativo de isla virgen, pues si bien es centro del más elegante y variado comercio, así como de la gastronomía y desarrollo hotelero del más alto nivel; sus playas y rincones parecen no haber sido invadidos ni contaminados nunca.

La isla es el único punto del planeta donde Francia y Holanda comparten frontera, aunque solamente aparezca en los mapas y no esté señalizada en el terreno. Esto, no sólo habla de la buena convivencia en una isla que hace gala de ser uno de los paraísos más buscados por turistas a escala global; sino que también la convierte en uno de los rincones favoritos por muchos artistas para dar rienda suelta a su arte sin ser molestados. 

DESTINO TURÍSTICO DE PRIMERA CATEGORÍA

La Isla de Saint Maarten ofrece una amplia variedad de alojamientos, desde hoteles de 5 estrellas, hoteles boutique, casas de lujo en alquiler o casas de huéspedes, según la intención y el presupuesto del viaje.

Durante casi 30 años, la Asociación de Hoteles de Saint Maarten aporta la mayoría de los hoteles de la isla.

Tanto en Marigot, principal ciudad, perteneciente a la República Francesa, ubicada en la parte norte, como Philipsburg, país autónomo que forma parte del Reino de los Países Bajos, en la parte sur, se encuentran numerosos hoteles que hablan por sí solos de la hospitalidad de esta isla.

Aunque el sector más amplio es el francés, el aeropuerto está en el holandés, así como el puerto de cruceros y el mayor centro comercial, Philipsburg.

Desde la perspectiva holandesa, la instantánea luce una montañosa y verde geografía, invitando a vivir una isla de matices e idiomas, aún cuando no es perceptible ese look neerlandés a simple vista.

Y desde el lado francés, se aprecia la playa mejor valorada de la isla, Orient Bay, la “Saint Tropez del Caribe”, que resulta más interesante porque se trata de una playa pública y que aún conserva un hotel con un espacio marítimo para nudistas, a fin de complacer a los menos pudorosos. Así como también ofrece una hotelería con más alojamientos tipo boutique y de muy exclusivos resorts.

PARAÍSO DE LA COCINA FUSIÓN

La alta cocina de fusión de Saint Maarten le ha ganado una reputación mundial, por la sutil mezcla de sabores que combinan innovación y tradición. Aun cuando se trata de una isla, existe una amplia variedad de ingredientes típicos, desde pescados, langostas, mariscos, hasta carnes que protagonizan platillos del más elevado estándar gourmet. Gastronómicamente hablando, el lado francés de la isla se ha ganado el título de Capital Gourmet del Caribe, pues dispone de variedad de bistrós de chefs franceses, en más de 60 sitios para comer. Asimismo, ofrecen la opción de los “lolos”, carritos tradicionales, que brindan la opción del fast-food.

La capital culinaria del Caribe se mueve dentro de un eclecticismo que hace sentir a los visitantes como en un viaje relámpago por los dos países europeos, pero con el toque, el clima y el pantone caribeño, todo un sueño pasado por la más fascinante customización.

La cocina es mezcla de tradiciones europeas, indias, africanas y orientales. Precisamente por eso, junto con la suma de productos locales, abundan las especias y recetas de salsas que la convierten en un tesoro muy valorado por visitantes de todo el planeta.

El café arábica, el cacao y el ron forman parte fundamental de la gastronomía antillana, ya que marcan rasgos de sabor y aroma muy característicos. 

Entre los platos típicos, destacan: la Sauce Chien, salsa picante muy usada para realzar el sabor de los alimentos asados; Féroce d’avocat, o guacamole antillano; Acras de morue, bu- ñuelos de bacalao; Colombo, receta antillana a base de cabra, pollo o cerdo, condimentada con especias colombo; y Boudin Créole, morcilla pequeña muy especiada, que es toda una exquisitez que no se puede dejar de probar.

LUGARES PREFERIDOS EN SAINT MAARTEN

Son muchas las diversas opciones de entretenimiento, deportes acuáticos, visitas culturales, gastronómicas, de descanso y de compras, entre ellas destacan:

• Crucero de Tango Caribbean Dinner, cenar a bordo de un catamarán, en una excursión de 3 horas.

• Excursión y esnorkel en la isla de Tintamarre.

• Iglesia Católica de Philipsburg, un tesoro arquitectónico e histórico invaluable.

• Paseo por Maho Promenade, centro comercial que forma parte del Hotel Sonesta, en la zona holandesa de la isla. Saint Maarten es el paraíso para las compras, sin olvidar que es zona franca.

• Front Street, la calle principal de Philipsburg, paralela al Malecón y a la Playa de Great Bay. En ella se encuentran joyas, perfumes, productos electrónicos, ropa de diseñador, entre otros de los grandes atractivos.

• La visita de Terres Basses (Las Tierras Bajas) presenta unos magníficos puntos de observación, como la Falaise des Oiseaux (el Acantilado de las pájaros); al ascender Fort Louis en Marigot, se puede descubrir la casi totalidad de la costa oeste de la isla desde un muy especial sitio histórico.

• Mercado de Marigot, donde se consiguen los condimentos y particularidades elaboradas por artesanos locales.

• Galerías de arte y talleres de artistas, como Galerie Camaieu, Gingerbread Gallery, Dona Bryhie, Roland Richardson Gallery, Les Exoriques, Poterie des Arawaks, Léo, y Lynn Studio, entre otras.

Por: Alida Vergara Jurado

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Choroní un paraíso azul con sabor a chocolate

Ubicado al este de la costa del estado Aragua, este rincón es el escape preferido de muchos viajeros para pasar días tranquilos llenos de sol, abrazados por las montañas y frente a un mar azul que parece irreal.

Para llegar a Choroní hay que partir desde la ciudad de Maracay y atravesar las montañas del Parque Nacional Henri Pittier. Es un recorrido memorable en el que se va ganando altura por una estrecha carretera con muchas curvas, de pronto la vegetación lo cubre todo, la temperatura baja y se respira aire muy puro.

Al comenzar a bajar por la cordillera se atraviesan varios caseríos para ingresar luego al casco central de Choroní. Al llegar se produce un choque visual que impresiona, las calles son muy angostas, llenas de casas de colores con arquitectura colonial, que se refleja en sus grandes puertas y ventanas. Al final de la primera calle se encuentra la tradicional plaza que no falta en ningún lugar de Venezuela.

Choroní fue fundado en 1616 y posee un dato histórico-religioso particular: es el pueblo natal de la primera beata venezolana, la Madre María de San José.

El recorrido en vehículo por las calles de Choroní puede parecer efímero, porque la vía, que se abre paso a un lado del río, conecta inmediatamente con Puerto Colombia, el pueblo vecino donde se concentra la mayor parte de la actividad turística de la zona. Aunque se trata de poblados diferentes, toda el área es conocida comúnmente como Choroní.

Es justamente en estas calles donde hay que tomarse el tiempo de caminar para ir descubriendo los pequeños secretos que hacen que el lugar también sea un viaje de sensaciones para el paladar.

LA ESQUINA DEL CHOCOLATE

Las paradas obligadas son varias, la primera de ellas es en la pequeña tienda “Chocolatería”, justo a un lado de la vía principal hacia el malecón. Una fachada colonial encierra lo mejor del cacao venezolano, con tabletas de chocolate de diversas marcas nacionales, entre las que destaca “Fradale”, una denominación autóctona elaborada con cacao de Chuao -pueblo muy cercano- reconocido mundialmente por su exquisito aroma y sabor.

Pero si lo necesario es un desayuno antes de un día de playa, lo indicado es avanzar una cuadra más y doblar a la izquierda para llegar al restaurant de la posada “Turpial”, a cargo Miguel Nuitter, cocinero que se ha dedicado a resaltar la gastronomía propia de la costa de Aragua y hasta ha desarrollado una línea artesanal de embutidos hechos de pescados de la zona. Sus desayunos se han vuelto populares por lo variados y suculentos, se come en una amena terraza rodeada de trinitarias y con vista a las montañas.

AZUL CHORONÍ

Luego de tanto probar se hace urgente ver finalmente hacia al mar, a poca distancia se alcanza el amplio malecón, donde se recibe directamente el choque de las olas y la brisa marina.

Aunque luce algo descuidado, este es un excelente lugar para detenerse a observar, hay muchos árboles que dan sombra, por eso siempre es común encontrar a muchos habitantes del pueblo conversando y a los pescadores preparándose para su faena diaria. En el centro hay una figura de San Juan, el santo más venerado en la costa central, cuyas fiestas se celebran cada mes de junio al son de los tambores.

A un lado del malecón se ubica “La Boca”, una salida directa al mar donde se concentran los peñeros que hacen los traslados a las playas cercanas como Uricao, Valle Seco, Chuao, Cepe y Tuja, son paisajes célebres y paradisíacos a los que solo se puede llegar navegando entre 10 y 30 minutos.

Pero el balneario más cercano se encuentra a poca distancia, caminando por las calles de Puerto Colombia. Se trata de Playa Grande, una extensa bahía que le hace honor a su nombre, con muchísimo espacio para caminar y bañarse. En el paisaje destacan las numerosas palmeras y las montañas que las rodean, el agua es azul intenso, de temperatura muy agradable y oleaje agitado.

En “Chocolatería” también es posible probar bombones con rellenos explosivos, que van desde frutas cítricas hasta la pimienta.

A un lado se ubica “Coco Café Cacao”, una dul- cería artesanal capaz de hacerse adictiva para cualquier amante del chocolate. Aquí es necesario degustar los pequeños helados de cacao o coco, las trufas y marquesas, todo preparado con cacao de la zona, que le brinda a cada probada un sabor fuerte e inconfundible.

En la entrada de Playa Grande hay varios restaurantes de comida local, se ingresa por una rampa de cemento a la enorme franja de arena muy suave, donde siempre hay sombrillas y sillas de playa dispuestas para los numerosos visitantes, que acuden por la belleza del paisaje y por ser la única playa del sector a la que se puede llegar en vehículo.

Si la vista aún no se cansa de admirar el insólito azul de Choroní, una buena opción es subir al mirador de Puerto Colombia, la entrada se encuentra muy cerca del acceso principal de Playa Grande. Hay un sendero de cemento que conduce a unas escaleras que bordean la montaña hasta llegar a lo más alto. La vista del mar deja sin aliento.
Es un azul luminoso que cautiva mientras choca contra el acantilado. Es un buen lugar para apreciar la vista del Caribe y del pueblo a sus pies.

DIVERSIDAD DE OPCIONES
Llega la hora de descansar y para eso Choro- ní se luce con su amplia oferta de hospeda- jes, que se ha levantado con el paso de los años, para todos los gustos y presupuestos. Hay desde las más amplias y lujosas hasta pequeñas y privadas, como la posada Casa Los Dos Ríos, con apenas dos cabañas rodeadas de árboles frutales y flores, ideales para quien busca silencio e intimidad.

Para probar la alta cocina de Choroní se puede visitar el restaurant Madera Fina, un poco alejado de las calles principales, pero el premio mayor es disfrutar de su mágico mirador frente al mar, el paisaje es totalmente asombroso y la vista se pierde en la inmensidad del azul indescriptible, propio de la costa aragüeña.

Por: Eduardo Monzón

 

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El Puerto Cabello que pocos conocen

Además de ser un centro de altísima importancia en la actividad portuaria de Venezuela, Puerto Cabello esconde atractivos incuestionables, unos evidentes, otros casi secretos para la mayoría.

Esta costa da la sensación de ser el comienzo del mar de las Antillas, tal vez sea su ubicación en el mapa, pero parece que pudiera verse todo desde el Fortín Solano o la bahía de Patanemo.

Playas serenas y ocultas, otras más salvajes y concurridas, algo de historia y un clima que hace querer estar siempre sumergido en el mar. Estos son solo algunos de los encantos de la costa del estado Carabobo, una que muchos pasan por alto.

ISLA LARGA

Esta pequeña isla es uno de los principales destinos del lugar, es muy visitada por viajeros del centro del país, que siempre encuentran un refugio de agua tibia y tranquila, sorprendentes tonos de azul, arena suave y vista panorámica hacia las montañas de la Cordillera de la Costa.

La isla forma parte del Parque Nacional San Esteban, creado por decreto en 1987, con una extensión de 44.500 hectáreas de áreas marítimas y terrestres.

La forma común de visitar Isla Larga es navegando en peñeros que salen a diario desde el balneario de Quizandal. Ahí funciona una cooperativa que se encarga de trasladar a los visitantes por un costo bajo, la travesía toma poco más de 10 minutos. Lo ideal es reposar en la arena, frente a la abundante vegetación de la playa, para luego darse un baño refrescante en el agua poco profunda y serena.

Hacia los extremos suele estar más solitaria, sobre todo durante los fines de semana cuando recibe a cientos de bañistas. Otro atractivo del lugar es un barco hundido que algunos operadores turísticos aprovechan para el buceo.

BAHÍA DE PATANEMO

Es un ícono de Puerto Cabello, se trata de una playa muy amplia, rodeada de numerosas palmeras y diversos puestos de comida que se extienden por toda la orilla. La mayoría de los pequeños restaurantes son atendidos por habitantes del pueblo de Patanemo, que se caracterizan por su alegría y jocosidad, por eso es muy agradable disfrutar de algún platillo caribeño con vista al mar, ya sea empanadas o pescado frito con tostones.

La arena de esta gran bahía es suave, el oleaje suele ser fuerte casi todo el año, pero el mar no es tan profundo cerca de la orilla, donde ofrecen alquiler de sillas y toldos playeros.

En uno de los extremos de la playa se dispone del servicio de traslado en peñeros hasta playas cercanas y algunas del estado Aragua, como La Ciénaga o la bahía de Cata. Junto a la playa se ubica la laguna La Bocaina, un importante refugio para las aves.

Patanemo es ideal para caminar frente al mar, por su gran extensión. También es frecuentada por surfistas debido a su buen oleaje.

ENSENADA DE YAPASCUA

Probablemente sea el paisaje más paradisía- co de todo Puerto Cabello, también el menos conocido. Se trata de una amplia laguna
que se conecta con el mar por una barrera de corales, todo el espacio está rodeado de manglares y altas montañas.

El agua es sorprendentemente cálida, cris- talina y de poca profundidad. Así que es un lugar ideal para relajarse entre el silencio y el suave vaivén de las olas.

La razón de que este paraíso sea casi anóni- mo es que no tiene ninguna carretera que conduzca hacia él, hay solo dos formas de llegar; una es realizar una caminata desde
la bahía de Patanemo por un sendero que atraviesa las montañas. Este recorrido puede tomar cerca de dos horas en un trayecto de moderada dificultad, lo más desafiante es contrarrestar la temperatura, por lo que es recomendable estar muy bien hidratado.

La forma más sencilla es navegar en peñero, desde Patanemo son solo 10 minutos de travesía.

Las playas que se forman en Yapascua son pequeñas, el espacio es reducido, así que no es apta para muchedumbres, tampoco se ofrece ningún tipo de servicios para el visitante, que debe llevar todo lo que va a consumir y hacer su mayor esfuerzo para contribuir con la limpieza del lugar.

FORTÍN SOLANO

Esta histórica edificación se encuentra en lo alto de las montañas de Puerto Cabello, por eso brinda una de las mejores vistas de la ciudad y de la costa. Esa ha sido una de sus funciones desde que fue construido en 1766 por orden del Gobernador y Capitán General de Venezuela, Don José Solano y Bote, para proteger la zona de ataques navales.

Pese a su gran valor histórico y turístico, la gran fortaleza estuvo abandonada mucho tiempo. Recientemente fue restaurada y hoy se encuentra en buen estado, apta para recibir a los visitantes.

Junto al Fortín se construyó un restaurante con amplios ventanales que permiten dis- frutar del paisaje, lo que lo convierte en un escenario ideal para disfrutar del atardecer y luego de las luces de la ciudad bajo la noche. El lugar es resguardado por la figura del Parque Nacional San Esteban.

CASCO HISTÓRICO

Las coloridas casonas pintorescas y coloniales hacen que muchos afirmen que Puerto Cabello es “la Cartagena venezolana”, en alusión a la ciudad costera de Colombia. Lo cierto es que esta es una visita obligada

para caminar por el suelo empedrado, detallar los colores de cada edificio y las llamativas formas de los balcones en la célebre calle Los Lanceros.

En el casco histórico hay posadas de gran prestigio, como Santa Margarita, también hay varios restaurantes, hasta una cadena internacional de comida adaptó su concepto para no romper con el estilo colonial de todas las fachadas.

El casco se conecta directamente con el amplio malecón de Puerto Cabello, ideal para recorrerlo entero y detenerse a mirar el mar al atardecer. A un lado del malecón hay un restaurante con terraza para disfrutar al aire libre y, junto al Teatro Municipal, un acogedor café para degustar un buen postre. Igualmente vale la pena visitar la Catedral, muy cerca también.

SABOR COSTERO

Al llegar o retirarse de Puerto Cabello es casi obligatorio probar las empanadas del conocido sector El Palito, los puestos de comida abundan a cada lado de la vía.

Por: Eduardo Monzón

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