Finanzas personales

¿El dinero es un medio o un fin?

Séneca, un filósofo que vivió hace casi 2000 años en Roma, decía que no hay viento favorable para el barco que no sabe a dónde va. Esta es una frase que se adapta a muchos aspectos de nuestra vida, y las finanzas personales no escapan de ella.

En este sentido, cuando queremos tener unas finanzas saludables, lo primero que se recomienda es identificar los objetivos, es decir, establecer las metas que deseas lograr y para las cuales estarás trabajando.

Mucha gente se esfuerza en función de acumular dinero para tener cada vez más, pensando que éste, en sí mismo, constituye la solución a sus problemas.

Es verdad que tener una cierta cantidad de dinero acumulado puede ser de mucha utilidad a la hora de salir de un aprieto, pero establecer como una meta financiera “acumular dinero” solo por acumular -según los economistas y los psicólogos- puede no estar asociado a mayores niveles de felicidad o calidad de vida.

De hecho, es ampliamente aceptado entre profesionales de las ciencias sociales que el nivel de felicidad en general está asociado con la satisfacción de necesidades, tanto de las básicas como de aquellas vinculadas a la autorrealización.

En finanzas personales, cuando una persona quiere poner sus cuentas en orden, lo primero que se le sugiere es que defina un propósito y unos objetivos relacionados con su calidad de vida, los cuales, posteriormente, darán lugar a un plan, que después se convierte en acciones específicas vinculadas a estrategias de optimización de ingresos, control de gastos, metas de ahorro, uso adecuado del financiamiento e inversión.

Para ayudarle con la planificación, es importante que sus metas sean realistas, tangibles y específicas, para que sea capaz de medir el avance y reconocer el momento en que las haya alcanzado.

Además, se deben establecer objetivos a corto, mediano y largo plazo, pues hay metas que requerirán más tiempo y esfuerzo que otras, para ello:

* Determine los montos necesarios para los objetivos planteados.

* Establezca una meta de ahorro e inversión familiar y/o personal, tomando en cuenta sus ingresos, niveles de deuda, hábitos de consumo y entorno económico.

* Haga seguimiento de su progreso.

Establecer objetivos vinculados con la calidad de vida, inspiradores y ambiciosos, es un ejercicio muy motivador que constituye un excelente punto de partida para aquellos que desean mejorar la administración de sus finanzas. En el largo plazo funcionan como un faro que va guiando sus decisiones, incluso cuando la situación del entorno sea complicada o confusa. Anímese a tomar el control y defina un rumbo para sus finanzas. Planifique en función de metas, de forma consciente, realista y responsable, y ejecute su estrategia con disciplina y compromiso, usando el dinero como el medio para alcanzarlas.

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¿Qué hacer contra la crisis?

Cuando los países atraviesan situaciones económicas complejas, como aquellas relacionadas con una pronunciada recesión y/o elevada inflación, es natural que sus habitantes experimenten sentimientos de preocupación, ansiedad y frustración ante los retos y amenazas que -hacia su bienestar y calidad de vida- pueden surgir en el entorno.

El primer gran desafío que enfrentamos es más psicológico que financiero, pues es necesario no perder la calma ni la esperanza al momento de pensar en la estrategia para hacer frente a una crisis, dado que el éxito no estará exento de la influencia de nuestra actitud cuando planificamos y ejecutamos las acciones.

Lo que describimos a continuación es una serie de lineamientos generales a considerar a la hora de armar un plan para enfrentar la crisis; sin embargo, varias de las recomendaciones que mencionamos son igualmente válidas para garantizar la estabilidad financiera aun en épocas de bonanza:

  • Sincere y controle su presupuesto: en medio de una crisis, el control del presupuesto se convierte en una cuestión vital. Al sugerir que sincere su presupuesto, nuestra intención es que reflexione acerca de la naturaleza de sus gastos mensuales e identifique aquellos que no son prioritarios para que los pueda evitar.

Si tiene deudas (por créditos al consumo, hipotecarios, de vehículo o de TDC), es de suma importancia que garantice la disponibilidad del monto mensual de las cuotas para que honre puntualmente sus compromisos y cuide su historial crediticio.

Si opta por cancelar la totalidad de las deudas, recuerde empezar por las más caras (las que tienen mayor tasa de interés).

  • Asegúrese: el sentido de previsión nunca está de más, considere que el costo de servicios médicos y tratamientos por una enfermedad o accidente pueden ser muy elevados y, por otro lado, la reposición de un activo fijo (como un vehículo) puede ser también muy costosa.

Dado que la adquisición de un seguro representa un gasto en su presupuesto, será necesario que priorice aquellas cosas que son más importantes, y luego considere todas las condiciones del servicio (montos de la prima y de la cobertura, deducibles), al elegir la póliza que mejor se adapte a sus necesidades. Una buena opción es optar por el financiamiento de la póliza, esto hará que el pago, a través de cuotas mensuales, sea más holgado para su presupuesto.

  • Acumule y trabaje con sus activos productivos: es probable que después de sincerar su presupuesto, sienta la imperiosa necesidad de encontrar nuevas formas de generar ingresos. Su tiempo es su primer y principal activo productivo, así que procure usarlo eficientemente para garantizar la generación de la mayor cantidad de dinero posible.

Invertir su tiempo en estudios es una buena opción, porque asegura su competitividad en el mercado laboral en el mediano plazo; iniciar un emprendimiento (aunque sea en pequeña escala) es también una opción muy atractiva. Todo lo que incremente su capacidad actual o futura de generar ingresos, suma.

Sea cual sea la opción que elija puede recurrir al crédito, si lo necesita para apalancarse y llevar a cabo su proyecto.

Si bien es cierto que la situación puede parecer abrumadora, no hay que desanimarse. Apele a su valentía y creatividad para poner manos a la obra y salir adelante. Tenga en cuenta aquel viejo proverbio holandés que dice “cuando soplan vientos de tempestad, unos corren a refugiarse, y otros construyen molinos”.

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Claves para obtener un crédito

Muchas veces te encuentras frente a la planilla de solicitud de crédito, ves todas las casillas en blanco y empiezan a surgir las dudas acerca de por qué y para qué se pide determinada información.

Para conocer por qué te hacen todas las preguntas que aparecen en la solicitud, a continuación, te explicaremos en qué consisten los diferentes pasos que constituyen el análisis de crédito.

Una de las primeras cosas en las que se fija el analista de crédito es en tu capacidad de generar ingresos. En ese sentido, los factores clave que pueden impactar la evaluación no serán solamente el monto de tu sueldo o ingresos mensuales, sino también la constancia o estabilidad de estos flujos.

Esa es la razón principal por la cual te preguntan cuánto tiempo tienes en tu trabajo actual, te piden una constancia de trabajo o una certificación de ingresos en caso de trabajar por tu cuenta, o estados financieros si es para un negocio.

En esta parte de la evaluación, el analista también se fija en la relación entre tus ingresos y tus gastos para determinar si eres capaz de generar superávit (mayores ingresos que gastos). Si el préstamo es para un negocio, el analista verifica que la empresa pueda generar suficientes ingresos (ventas) como para hacer frente a los gastos (incluyendo el pago de préstamos) y generar ganancias.

El patrimonio del solicitante es además muy importante para el analista, porque los bienes que lo constituyen representan una potencial fuente de ingresos en caso de que tenga problemas de liquidez. Si por ejemplo una persona (o empresa) llega a tener problemas con su flujo de ingresos y tiene créditos vigentes, puede recurrir a la venta de algunos de sus activos, para hacer frente a sus obligaciones.

Seguidamente el analista evaluará tu reputación, para eso verificará las referencias que hayas provisto y, si has solicitado créditos previamente o tienes tarjetas de crédito, también verificará tu historial crediticio (o el de tu negocio) para comprobar cómo ha sido el cumplimiento de tus pagos. La puntualidad en el pago de las cuotas de los créditos o tarjetas de crédito es de suma importancia en esta parte de la evaluación.

Dependiendo de las características del préstamo o crédito que estés solicitando y del resultado del análisis de crédito, el banco podría solicitarte información acerca del colateral o un fiador. El colateral es una garantía que respaldará tu préstamo en caso de que no puedas pagarlo. El fiador es una figura que estaría en capacidad de pagar el préstamo si tú no puedes hacerlo.

Finalmente, si la solicitud es aprobada, el banco establece las condiciones (tasas, cuotas y plazos). Estas condiciones pueden variar según el tipo de crédito y su finalidad; sin embargo, lo más común es que las leyes determinen en gran medida éstos términos, que en todo caso quedarán especificados en un contrato.

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Finanzas para jóvenes

¿Tienes entre 14 y 24 años de edad? Si es así, ¿qué haces con la plata que te regalaron los tíos en tu cumpleaños, o con lo que te sobró de la mesada? Tus primeras experiencias en el manejo del dinero son fundamentales, pues tu calidad de vida en el futuro estará determinada por la forma en que lo usas.

Queremos compartir contigo tres puntos que debes considerar acerca del dinero y el ahorro:

  • Aprende el valor del dinero. El dinero es producto del trabajo y del esfuerzo. Sólo de esta manera es posible obtenerlo, y adquirir las cosas que necesites. Adicionalmente, cuando decides hacer una compra, tienes que hacer una elección y un sacrificio. Por ejemplo: puedes elegir dejar de comprar golosinas durante un tiempo para reunir el dinero para comprar tu videojuego favorito. Una vez que tienes claro esto, entiendes el verdadero valor de las cosas, el cual va más allá de unos simples billetes.
  • Desarrolla el hábito de ahorrar. El ahorro requiere de mucha disciplina, pero una vez que logras hacerlo parte de tu rutina, verás todos los beneficios que puedes obtener. Empieza por cantidades de dinero muy pequeñas, e incrementa el monto cada semana, así verás que en poco tiempo harás del ahorro un hábito y tendrás un fondo acumulado.
  • Plantéate objetivos de corto y largo plazo. Desde pequeños debemos aprender a dimensionar las metas. Para ello, lo recomendable es definirlas en el tiempo y ordenarlas de acuerdo a su prioridad. Por ejemplo, si tu objetivo de largo plazo es adquirir una nueva bicicleta, debes plantearte metas de corto plazo como ahorrar semanalmente un determinado monto para llegar a tu objetivo final al cabo de unos meses. 

Benjamín Franklin aseguraba que “un centavo ahorrado es un centavo ganado”, por eso desde pequeño es muy importante que practiques éste hábito. El ahorro, además de que te permite concretar tus metas financieras y alcanzar una mejor calidad de vida, puede ser de mucha utilidad cuando se presente cualquier eventualidad o emergencia

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Lo que debemos saber sobre el ISLR

Por lo general, al inicio de cada año solemos ver diversos anuncios del Seniat en la TV, los periódicos y la radio para recordarnos que tenemos la obligación, y una fecha tope, para declarar y pagar el Impuesto sobre la Renta (ISLR).

Lo primero que debemos saber es que hay un mínimo de ingresos anuales a partir de los cuales es obligatorio declarar el ISLR, y además hay una fecha límite establecida para hacer esa declaración (también fechas específicas para los pagos, si aplican).

El ingreso mínimo anual a partir del cual hay que declarar para efectuar el cálculo del ISLR es, según la Ley, el equivalente en bolívares a 1.000 Unidades Tributarias (UT), es decir, 177.000 bolívares (considerando que el valor de una UT  fue ajustado a 177 bolívares).

¿Quiere eso decir que todas las personas que a lo largo del año generaron ingresos mayores a 177.000 bolívares deben pagar el ISLR? No necesariamente, pues la Ley nos permite hacer uso de las figuras del desgravamen único, rebaja personal y cargas familiares que funcionan como especie de “descuentos” a nuestro ingreso gravable, y con ellos estamos optando de forma legal y legítima a pagar menos impuestos.

Los descuentos a nuestro ingreso admitidos por la Ley también se miden en UT y no constituyen la única forma legal y legítima a través de la cual un contribuyente puede disminuir su carga impositiva.

Dependiendo de la situación, para una persona pudiera ser más beneficioso renunciar a la aplicación del descuento por desgravamen único y, en su lugar, declarar cierto tipo de gastos, como aquellos derivados del pago de servicios educativos, servicios médicos-odontológicos, primas de seguro HCM, o intereses sobre el crédito hipotecario de su vivienda principal, ya que la Ley nos permite usar estos gastos para disminuir nuestro ingreso gravable.

¿Por qué es importante hacer la declaración antes de la fecha tope? Todos los contribuyentes que declaran después del 31 de marzo pierden el beneficio de hacer el pago fraccionado (por cuotas) del ISRL y pueden ser multados, con lo que se verían obligados a pagar un monto que va de entre 50 a 150 UT.

Si el monto a pagar por concepto de ISLR es pequeño con respecto a los ingresos del contribuyente, puede que la posibilidad de hacer el pago fraccionado no tenga gran importancia, pero si es un monto significativo, contar con esa posibilidad puede ser de gran ayuda para el presupuesto y el flujo de caja mensual del contribuyente.

¿Por qué no es una buena idea dejar de hacer la declaración o declarar ingresos menores a los realmente percibidos? Además de que no declarar es algo que no está permitido por la Ley, el documento que soporta la declaración del ISLR a menudo constituye uno de los requisitos solicitados por los bancos cuando estamos optando por un crédito y eventualmente ha sido también un requisito solicitado por los bancos a sus clientes que desean participar en los mercados de divisas.

Así que no declarar y no pagar el ISLR no es solamente una acción que te puede exponer a sanciones, por parte de la autoridad tributaria, sino que también es una decisión poco inteligente desde el punto de vista de las finanzas personales.

Recuerda que el pago del ISLR hace posible el financiamiento de servicios como educación, salud, seguridad y justicia, y también obras de infraestructura y vialidad.  Cumple con esta obligación como ciudadano y evita incurrir en sanciones.

En caso de que tengas dudas adicionales, te invitamos a que las canalices con un contador público colegiado de tu confianza.

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El emprendedor debe buscar la competencia

Cualquier emprendedor podría pensar que es muy bueno es quedarse sin competidores. Aunque no hay duda que tener un poder monopólico (ser el único en proveer un bien o servicio, o no tener sustitutos cercanos) puede dar fuerza y ventaja para imponer condiciones de precio y calidad, el emprendedor no debe temer a la competencia. Por el contrario, debe propiciarla. Con la competencia ganan el emprendedor, el consumidor, y la sociedad.

Si bien emprender es una actividad natural al ser humano, es compleja. Allí justamente está lo interesante. Es una actividad particularmente importante, debido a los crecientes retos globales, tanto económicos como sociales.

El emprendedor explota la capacidad para dar el extra que lleva al logro de objetivos, de los sueños trazados. Emprender requiere la conjunción de actitudes y aptitudes que impulsan a asumir nuevos retos, darle forma concreta a aspiraciones, por lo que se asumen riesgos en la inversión de sus recursos (materiales, tiempo, esfuerzo, dinero).

Los emprendimientos pueden ser de negocios o sociales, pero cualquiera sea su tipo, tratan de mejorar algo ya existente o realizar cambios disruptivos. El emprendedor debe ser persistente, tenaz, disfrutar lo que hace y de sus éxitos; además, aprender de las derrotas.

El emprendedor debe enfocarse en agregar valor… ¿Y cómo es esto de agregar valor? Es el proceso de descubrir las preferencias de los consumidores: gustos, expectativas y necesidades insatisfechas para satisfacerlas, a través de la producción de un bien o servicio de la manera más eficiente posible.

El emprendedor está siempre en ese constante descubrir, es parte de su cooperación creadora con la sociedad, pues se anticipa a las preferencias de los consumidores, asume riesgos y costos hoy para producir un bien o servicio que entregará mañana a unos precios futuros y, por ende, inciertos. Asume costos para producir algo cuyo valor lo pone un tercero: el consumidor.

En esa competencia entre emprendedores se van produciendo mejores bienes y servicios, de mayor calidad y a mejores precios, se crean y amplían mercados, el mundo avanza y la calidad de vida aumenta. Además, el emprendedor crea fuentes de empleo e innovación.

La competencia es fuente de este proceso y se hace necesaria para el beneficio de la sociedad.

Si en ese ambiente competitivo, la preferencia de los consumidores va otorgándole al emprendedor un poder monopólico natural, como en el caso de Google, entonces quiere decir que la sociedad en su conjunto se está beneficiando.

Por lo tanto, lo sano no es que el emprendedor trate de obtener una prebenda o privilegio, con ello poder monopólico y beneficios extraordinarios, sino que el emprendedor, en esa constante innovación y esfuerzo por servir cada vez mejor a la sociedad, reciba la preferencia del mercado hasta obtener una gran participación. Así ganaremos todos, emprendedores y consumidores.

El emprendedor posee una gran inspiración, quiere dejar huella, mejorar su calidad de vida, la de su familia y la de la sociedad. Debe estar siempre alerta, con todos los sentidos atentos, escuchando al mercado, a su consumidor, buscando señales que le indiquen sus preferencias, qué necesidades desea satisfacer, atento a oportunidades, ser muy creativo para hacerlo, consciente de que otros emprendedores también querrán hacer lo mismo.

El emprendedor debe aprender todos los días de su experiencia y de la de los demás. Debe revisar sus competencias, actitudes y aptitudes. La mejor recompensa que tiene es gozar de la preferencia del consumidor y de forma sostenida en el  tiempo. Los beneficios vendrán por añadidura.

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Vale la pena ahorrar, a pesar del entorno

Vale la pena tomarnos unos minutos para recordar la importancia del ahorro, como hábito fundamental para nuestras finanzas personales. Quizás muchos de ustedes se pregunten, en estos momentos difíciles que atraviesa nuestra economía, si vale la pena ahorrar en tiempos de crisis.

La respuesta es, indudablemente, sí. Ahora bien, nuestra economía tiene características muy particulares que hacen que la ecuación de finanzas personales ideal deba adaptarse a nuestro entorno, para que la estrategia funcione y a futuro podamos alcanzar nuestras metas.

El hábito del ahorro tiene gran importancia para el desarrollo de una persona, es por esto que desde niños nos imparten el valor de practicarlo, utilizando el agua necesaria, haciendo un consumo consciente de la electricidad, ahorrando dinero para comprar algo a futuro.

Solamente el ahorro hace posible que mañana podamos conseguir nuestras metas financieras, cubrir cualquier eventualidad o, sencillamente, alcanzar una mejor calidad de vida.

La ecuación ideal de finanzas personales nos indica que, en relación con nuestros ingresos, debemos destinar:

20% al ahorro.

20% al pago de créditos.

60% restante al pago de gastos y seguros.

Sin embargo, la economía en Venezuela tiene algunas características muy peculiares, entre ellas: una tasa de inflación anual que puede superar el 100% y tasas reales negativas; es decir, tasas de interés por debajo de la inflación y, si bien el ahorro está pensado como un hábito a largo plazo, en Venezuela, en esta coyuntura económica, es importante establecer metas a corto plazo y hacer un cambio en tu ecuación para lograr mantener el valor del dinero en el tiempo.

Lo primero que debes hacer es revisar tu situación financiera personal, y validar si efectivamente tienes capacidad de ahorro, si gastas menos de lo que ganas.  En este caso, una vez certificada nuestra capacidad de ahorro, la variante que podemos hacer a la ecuación es destinar, en la medida de tus posibilidades, más de 20% de tus ingresos al crédito y, de esta forma, podrás ganarle la batalla a la inflación y lograr adquirir los productos que necesitas, o hacer las inversiones que requieres en educación, activos productivos, entre otros.

Otra estrategia que puedes aplicar para proteger tus ahorros es invertir parte de ellos en moneda fuerte. Coloca tus órdenes de compra en los bancos para que puedas proteger parte de tus ahorros de eventuales devaluaciones y de los cambios económicos a los que pueden estar sujetos.

El ahorro es un hábito que no pierde vigencia en el tiempo y sigue siendo indispensable para tener una buena salud financiera, aunque en economías como la nuestra sea necesario hacer pequeños cambios.  

No dejes de practicar el ahorro y enseñarlo a tus hijos, pues es solo a través de esta práctica financiera que podemos concretar nuestras metas económicas y alcanzar una mejor calidad de vida.

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Hay que mirar el largo plazo

Generalmente, cuando cuentas con un dinero extra, siempre piensas en querer gastarlo en un viaje, comprar un celular más nuevo, o quizás en comprarte esos zapatos que viste en la tienda y tanto te gustaron, pero son muy pocas las veces que pensamos en sacrificar ese consumo presente para lograr un objetivo en el futuro.

A pesar de que cada uno de nosotros sabe que nuestro hijo recién nacido llegará a la adolescencia en casi una década y media, o que seremos abuelitos en varias décadas más, cuando hablamos de dinero junto con familiares o amigos, muchas veces solemos plantear ideas sobre los planes que tenemos en la próxima semana, el próximo mes, pero casi siempre se escapa de la conversación hablar de años, e incluso de décadas.

Un punto preocupante, en materia de finanzas personales, es que no tendemos a planificar a largo plazo, y esta visión puede ser la diferencia entre tener un patrimonio estable o tener un futuro complicado, con tensiones financieras.

Cuando planificamos a largo plazo y trabajamos en conseguir nuestras metas a futuro, nos invade una sensación de tranquilidad y seguridad por el hecho de saber que tu futuro estará asegurado.

Una visión de largo plazo te brinda esa estabilidad para cumplir metas el día de mañana, como enviar a nuestro hijo a la universidad, o incluso, si ya nos encontramos cercanos a la etapa de retiro, poder vivir con tranquilidad nuestra vejez.

El cumplimiento de tus objetivos  personales solamente es posible si tienes una visión a largo plazo y tienes presente los principales pilares en finanzas personales como:

  • Ahorro.
  • Inversión y educación.
  • Manejo adecuado de seguros.
  • Manejo óptimo de tus créditos.

Sin embargo, surge una pregunta. ¿Con las condiciones actuales de país, tiene sentido pensar a largo plazo?

La respuesta -aunque complicada y retadora-, es sí. Tiene todo el sentido incluir una visión de largo plazo en nuestros planes. 

Aunque nos encontremos en una etapa de turbulencia económica, y tengamos que pensar casi en el día a día, parte de tu estrategia debe estar orientada hacia el largo plazo y, en este sentido, es razón de peso cuidar de tus finanzas; por ejemplo, un primer paso es contar con hábitos de ahorro -a corto plazo- para invertir en activos o activos productivos, para que a futuro puedan ser parte de tu patrimonio y tener la calidad de vida merecida.

Cabe destacar que el crédito juega un papel importante en estos tiempos, ya que con las condiciones actuales de alta inflación y las tasas de interés reguladas, es el momento adecuado de utilizar responsablemente el crédito a tu favor, para hacer crecer tu patrimonio a futuro. 

Hay que recordar siempre cuidar tu capacidad de pago para que el crédito sea tu aliado en los próximos periodos que te tocará recorrer.

Esperamos que este tema te haga reflexionar para tomar acciones inmediatas, y que a futuro –por ejemplo, en tres décadas-, puedas llegar a la estabilidad que toda persona se merece, producto de su arduo trabajo, ahorro e inversión a lo largo de los años.

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Que el crédito no destruya tu navidad

Llega la temporada de fin de año y los gastos aumentan estacionalmente. Regalos y celebraciones presionan las finanzas personales y, con tasas de interés reales negativas, la opción de financiar estos compromisos, propios de la época, luce más que conveniente.

Pero, cuidado… los créditos se pagan. Y no cumplir los plazos, o no honrar los compromisos puede costar muy caro.

En muchas oportunidades hemos escuchado historias de personas que quedan en bancarrota por adquirir créditos que superan su capacidad de pago, u otras que quieren congelar sus tarjetas de crédito porque no pueden hacerse cargo de sus deudas.

La verdad es que para aprovechar una oportunidad de inversión, o adquirir algún bien o servicio, muchas veces, dependes de un crédito y solamente de esta forma puedes acceder a ellos, sin necesidad de tener dinero en efectivo y permitiéndote pagar a plazos. Sin embargo, a la hora de tomar un crédito y adquirir un plan de financiamiento, debes ser cuidadoso y responder al menos tres preguntas básicas para saber si es conveniente o no:

¿Por qué deseas tomar un crédito? El objetivo debe estar claro, si es porque quieres aprovechar una tasa de interés baja o competitiva para la compra de un activo productivo, que te puede dar mayor retorno, simplemente para adquirir algún bien que necesitemos, o porque te quedaste sin dinero al final de mes. 

Recuerda  que los créditos no son una extensión de tus sueldos y salarios, sino que son un compromiso adquirido que debes pagar. Es vital saber si el crédito que vas a adquirir es para algo que realmente requieres, de lo contrario, puedes caer en un círculo vicioso que supere tu capacidad de pago, y comprometa tu libertad financiera.

¿Cuánto debes solicitar o cuánto te puedes financiar? Debes conocer la relación entre tus ingresos mensuales y las cuotas de pago de todos tus créditos, tanto de tus TDC como de los otros créditos que tengas vigentes. Esto te permitirá conocer tu capacidad de endeudamiento. 

Es recomendable que la porción de tu sueldo dedicada al pago de deuda no supere el 35%, de esta forma podrás hacer frente con comodidad al resto de gastos, e incluso destinar un monto al ahorro o inversión.  

En caso de que superes este nivel, es importante estar consciente de ello, que sea por un período de tiempo determinado y que preferiblemente lo estés destinando a inversión, a tu crecimiento patrimonial y no a gastos corrientes que no deberías financiar.

¿Cuáles son las características de tu crédito? Conoce tu crédito. Es muy importante que tengas claras las condiciones principales: 

- Cuota de pago. 

- Comisiones. 

- Tipo de crédito (hipotecario, turismo, comercial, entre otros), de acuerdo con tu objetivo debes elegir el que más se adapte a tus necesidades.

- Tasa de interés a cobrar, en algunos casos se ofrecen tasas promocionales que luego aumentan a la tasa de mercado.

- Plazo del crédito, entre mayor sea el plazo, más bajas serán las cuotas de pago.

- Fechas de pago, pues de tu puntualidad dependerá tu récord crediticio y reputación financiera.

En economías inflacionarias como la nuestra, también debes tener presente la inflación esperada anual, ya que en los últimos años las tasas de interés activas se han ubicado por debajo del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) anualizado, lo que convierte al crédito en una excelente herramienta para mantener tu poder de compra y protegerte de la inflación, siempre cuidando tu capacidad de endeudamiento.

Recuerda siempre que al tomar un crédito estás adquiriendo un compromiso de pago, por lo que es muy importante que el crédito sea empleado en  algo que realmente requieras, y no permitas que se convierta en una carga financiera personal y que te conduzca a un ciclo vicioso de constante deuda, comprometiendo tus ingresos, tu tranquilidad y tu calidad de vida.

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El orígen de las tarjetas de crédito

Hoy en día es casi impensable salir de casa sin las tarjetas de crédito, las utilizamos varias veces al día para pagar cualquier cuenta, para comprar por Internet, pero ¿te has llegado a preguntar cómo surgieron y en qué momento se volvieron tan necesarias?

En 1949, un acaudalado hombre de negocios llamado Frank McNamara, director de la Corporación de Crédito “Hamilton”, cenaba en un lujoso restaurant en Nueva York  con Alfred Bloomingdale y Ralph Schneider, su abogado. Al momento de pagar la cuenta, McNamara atraviesa un momento incómodo, pues había olvidado su billetera en casa. 

Si bien todos sabían que era un hombre de fortuna, en ese instante no contaba con el efectivo para cancelar la cuenta. Afortunadamente, pudo llamar a su esposa quien le llevó el dinero para pagar y prometió que esto no le volvería a suceder.  Fue así como surgió una brillante idea de negocios.

Basado en su incómoda experiencia, McNamara, junto con otros socios, creó una especie de club con el objetivo de cubrir temporalmente los pagos de sus miembros en algunos restaurantes y hoteles de la ciudad, dichos miembros fueron seleccionados con base en la confianza, reputación personal, solvencia y solidez financiera. Estos principios aún se mantienen.

Así nació la empresa DinnersClub´s en 1950, cuya tarjeta permitía cubrir pagos en los restaurantes más importantes del momento. Lo interesante es que la esencia de la tarjeta era diferir el pago en un plazo muy corto, en especial para cubrir gastos corrientes, como la cena en un restaurante, pero no estaba concebida para financiar. Su éxito fue tal que en el primer año alcanzó 10.000 integrantes.

En sólo 8 años, las tarjetas evolucionaron con la intervención de la banca, lo que permitió, paulatinamente, el financiamiento a períodos más extensos. En 1958 nacen American Express y BankAmeriCard, esta última del Bank of America, que más tarde cambiaría su nombre a VISA.

En 1967, sale al mercado otra empresa llamada EveryThingCard, más tarde MasterCard. Aún estas cuatro marcas mantienen el liderazgo del mercado de tarjetas a escala global.

El gran aporte de la banca, además de permitir el financiamiento con estos productos, fue la masificación global para hacerlos accesibles a todas las personas. De hecho, las tarjetas de crédito son el medio de financiamiento más solicitado en el mercado, por su practicidad y versatilidad.

Aunque la historia de las tarjetas de crédito puede ser considerada reciente, el crédito en sí posee más de 3.000 años de evolución, pero su esencia sigue siendo la misma desde sus inicios: permitir cumplir con los objetivos planteados, a cambio de una compensación a quien otorga el crédito, conocido como el interés. 

Sin embargo, para que esto suceda, debe existir un valor fundamental: la confianza entre las partes. Es por esto que debes darle un uso responsable, no adquirir compromisos mayores a tu capacidad de pago y, de esta forma, tener control sobre tus obligaciones.

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