Ecoturismo

Mochima, tierra de aguas

Para no pocos, es un paraíso. Mochima es uno de los más hermosos paisajes de Venezuela. Con sus aguas cálidas, las rutas de delfines o los atardeceres plenos de luz y color, esta área natural protegida es un destino muy demandado por turistas extranjeros y nacionales, a lo largo del año.

El vocablo “Mochima” proviene de la expresión cumanagoto “Tierra de Aguas”. Sus habitantes originarios pertenecieron a la etnia “caribe”, un grupo indígena que se extendió por varios países de la región, y fue conocido por su vocación guerrera. Para ellos, el área que hoy ocupa el Parque Nacional Mochima era una zona de pesca y descanso. Los cumanagotos fueron, según diversas crónicas, diestros navegantes y exploradores.

Actualmente, el Parque Nacional Mochima forma parte de la llamada “Ruta del Sol”, la cual está comprendida por los lugares costeros más emblemáticos del Oriente, donde destacan las ciudades de Cumaná, Carúpano y Cariaco.

Mochima es una zona muy visitada por la belleza de sus islas y bahías. Su costa está rodeada de vegetación xerofita y de amplias zonas de Montaña, como resultado de una amplia biodiversidad.

De hecho, la fauna marina y terrestre es variada y muy representativa del lugar, por lo que es frecuente objeto de investigación científica.

El Parque Nacional tiene una extensión de 94.935 hectáreas y fue decretado como zona protegida, por el Ministerio del Ambiente, el 2 de diciembre de 1973. Para disfrutar de este destino de sol, playa y montaña, se puede llegar fácilmente por tierra. Además, existen vuelos desde diferentes terminales nacionales hasta Cumaná y Puerto La Cruz, desde donde se pueden hacer excursiones.

Para recorrer sus islotes, se deben tomar botes “peñeros”. Algunos operadores turísticos ofrecen paseos completos, que pueden resultar convenientes para apreciar mejor los atractivos de la zona.

Para mayor información se pueden consultar los sitios www.mochima,org y www.mochimatravel.com.

Existe una buena oferta de posadas en zonas cercanas, las cuales permiten un disfrute más amplio de las bellezas del parque nacional.

Hay que resaltar que los organismos públicos ambientales, como el Instituto Nacional de Parques, exigen el cumplimiento de normas de uso, ya que los ecosistemas de Mochima son frágiles, especialmente en sus áreas marinas.

Mochima ofrece un entretenimiento muy ecológico y completo. La oferta incluye playas, cascadas, ríos y montañas. Se admite la práctica de deportes acuáticos, como el “snorkel” y el submarinismo para observar el fondo oceánico. También se pueden hacer recorridos en “kayak” por sus principales cayos, además de paseos para el avistamiento de fauna marina, como delfines, tortugas y otras especies de diverso tipo.

LA BAHÍA

El área de la bahía es una de las zonas más hermosas de Mochima. Es una de las preferidas de los turistas, debido a atractivos como las playas Colorada y Arapito.

El pueblo de Mochima es la localidad más grande del parque nacional, donde hay una plaza con una enorme hélice, posadas, comederos, abastos, heladerías y un muelle donde embarcarse en los “peñeros” que llevan a las zonas más atractivas.

El parque es permanentemente resguardado por  funcionarios de Inparques, la Guardia Nacional y la Policía. Por las noches tranquilas, se puede pasear por su calle principal y disfrutar de sus atardeceres.

PARA TENER EN CUENTA…

  • Hay que colocar la basura en bolsas y botarlas en contenedores especiales, dispuestos en el puerto.
  • Llevar zapatos cómodos, toallas, sombreros, cachuchas, comida ligera, bebidas y demás equipos para las playas.
  • Se pueden emplear equipos de “Snorkel” y submarinismo, que se alquilan en el muelle.
  • Utilizar cremas de protección solar con bloqueador UV, además de repelentes de insectos.
  •  Llevar y tomar mucha agua, puesto que las temperaturas promedio siempre superan los 30 grados.

Por: Silvia Marcucci Montero

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La vida fluye en un espejo de agua

Puede parecer una feliz metáfora, pero cuando se navega la inmensa llanura inundada de los esteros de Camaguán, muy temprano en la mañana, el agua refleja el cielo como un espejo perfecto, mientras la vegetación diversa y viva, de intenso verde, colorea la mirada, imprimiendo una fotografía difícil de olvidar.

Este fue el paisaje que inspiró a Juan Vicente Torrealba uno de sus más exitosos pasajes, y al pintor Castor Vásquez una obra única de estilo naturalista, rendida a la belleza de los esteros, de su flora y de su fauna. A Vásquez lo llamaban “el sol” del estero, porque salía con el amanecer a recoger cualquier imagen del paisaje, el vuelo de las garzas o el reposo de los chigüires. Decía que, como inspiración pictórica, los esteros de Camaguán eran inagotables.

En 2000, se decretó la creación del Refugio de Fauna Silvestre Esteros de Camaguán, una extensión de 19.300 kilómetros cuadrados, que pretende salvaguardar a cientos de especies faunísticas y a una flora llanera con especies endémicas de alto valor. La fragilidad ecológica de estas enormes lagunas estacionales es elevada, por lo que su utilización con fines productivos o turísticos es limitada.

Los esteros son depresiones en áreas de sabanas que se inundan estacionalmente, bien por el efecto de las lluvias o por las crecidas de ríos vecinos. Los de Camaguán se inundan por el caudal del río Portuguesa, un afluente del Apure. Se ubican en el estado Guárico y son bordeados por la carretera nacional Camaguán-San Fernando de Apure.

Esta área protegida se mantiene inundada entre mayo y noviembre, recibe un promedio de 1.600 mm de precipitación por año y la temperatura media se ubica entre 27 y 30 grados, a pesar de la brisa.

“El estero de Camaguán constituye una amplia llanura aluvial con pendientes muy suaves y con algunas elevaciones de arena llamadas médanos, que se encuentran ubicadas hacia el extremo sur de la reserva. Los suelos tienen una capacidad agrícola moderada e importantes restricciones de drenaje superficial, ya que están formados principalmente por limos y arcillas aluviales con baja permeabilidad”, señala Hugo Arana Páez, investigador del Centro de Estudios Histórico Sociales del Llano Venezolano, en San Fernando de Apure.

FAUNA Y FLORA

Pocas áreas naturales protegidas tienen una diversidad biológica tan amplia como los esteros de Camaguán, y he allí la razón fundamental para su protección. En cuanto a especies faunísticas, la variedad de aves es lo más llamativo. Garzas reales, patos güirirí, corocoras rojas, gabanes, garzones soldados, guacamayas, chenchenas y pericos, entre muchas otras, forman un concierto de colores y sonidos desbordante.

En los atardeceres, el espectáculo de los “garceros” es imperdible. Cientos de garzas y corocoras se concentran en áreas pequeñas del estero para pasar la noche.

Para los amantes de la Ictiología, los esteros de Camaguán son un muestrario amplio de variedades de peces, como el bagre, cachama, curito y el coporo. Por cierto, muchas de estas especies están severamente amenazadas por su explotación indiscriminada.

La variedad de mamíferos y reptiles también es excepcionalmente amplia. Desde araguatos, iguanas, babas y chigüires –muy amenazados, por cierto- hasta venados. La caza ilegal es un problema severo, no solo en el refugio, sino en toda la extensión de esteros, lo que ha afectado de manera dramática las poblaciones de estas especies.

La flora es igualmente abundante. La palma llanera, sin embargo, es el emblema, junto con los samanes y guásimos. La ictiofauna de la zona se beneficia con la elevada presencia de bora, que se utiliza frecuentemente como materia prima para productos artesanales.

En Camaguán existe la idea de darle un vuelco a la economía de la zona, orientándola hacia el turismo; de hecho, la alcaldía del municipio tiene un plan para reactivar instalaciones hoteleras y de esparcimiento, abandonadas por mucho tiempo, para el cual cuenta con un presupuesto inicial de más de 38 millones de bolívares.

La situación ecológica es compleja. Sin duda hacen falta planes de manejo eficientes para proteger a la fauna amenazada y, además, estrategias para cuidar la vegetación, también amenazada por malas prácticas industriales.

La idea es que el estero, cantado por Torrealba o tan vivamente pintado por Vásquez, siga vivo, más allá del recuerdo de un pasaje llanero.

Puede parecer una feliz metáfora, pero cuando se navega la inmensa llanura inundada de los esteros de Camaguán, muy temprano en la mañana, el agua refleja el cielo como un espejo perfecto, mientras la vegetación diversa y viva, de intenso verde, colorea la mirada, imprimiendo una fotografía difícil de olvidar.

Este fue el paisaje que inspiró a Juan Vicente Torrealba uno de sus más exitosos pasajes, y al pintor Castor Vásquez una obra única de estilo naturalista, rendida a la belleza de los esteros, de su flora y de su fauna. A Vásquez lo llamaban “el sol” del estero, porque salía con el amanecer a recoger cualquier imagen del paisaje, el vuelo de las garzas o el reposo de los chigüires. Decía que, como inspiración pictórica, los esteros de Camaguán eran inagotables.

En 2000, se decretó la creación del Refugio de Fauna Silvestre Esteros de Camaguán, una extensión de 19.300 kilómetros cuadrados, que pretende salvaguardar a cientos de especies faunísticas y a una flora llanera con especies endémicas de alto valor. La fragilidad ecológica de estas enormes lagunas estacionales es elevada, por lo que su utilización con fines productivos o turísticos es limitada.

Los esteros son depresiones en áreas de sabanas que se inundan estacionalmente, bien por el efecto de las lluvias o por las crecidas de ríos vecinos. Los de Camaguán se inundan por el caudal del río Portuguesa, un afluente del Apure. Se ubican en el estado Guárico y son bordeados por la carretera nacional Camaguán-San Fernando de Apure.

Esta área protegida se mantiene inundada entre mayo y noviembre, recibe un promedio de 1.600 mm de precipitación por año y la temperatura media se ubica entre 27 y 30 grados, a pesar de la brisa.

“El estero de Camaguán constituye una amplia llanura aluvial con pendientes muy suaves y con algunas elevaciones de arena llamadas médanos, que se encuentran ubicadas hacia el extremo sur de la reserva. Los suelos tienen una capacidad agrícola moderada e importantes restricciones de drenaje superficial, ya que están formados principalmente por limos y arcillas aluviales con baja permeabilidad”, señala Hugo Arana Páez, investigador del Centro de Estudios Histórico Sociales del Llano Venezolano, en San Fernando de Apure.

FAUNA Y FLORA

Pocas áreas naturales protegidas tienen una diversidad biológica tan amplia como los esteros de Camaguán, y he allí la razón fundamental para su protección. En cuanto a especies faunísticas, la variedad de aves es lo más llamativo. Garzas reales, patos güirirí, corocoras rojas, gabanes, garzones soldados, guacamayas, chenchenas y pericos, entre muchas otras, forman un concierto de colores y sonidos desbordante.

En los atardeceres, el espectáculo de los “garceros” es imperdible. Cientos de garzas y corocoras se concentran en áreas pequeñas del estero para pasar la noche.

Para los amantes de la Ictiología, los esteros de Camaguán son un muestrario amplio de variedades de peces, como el bagre, cachama, curito y el coporo. Por cierto, muchas de estas especies están severamente amenazadas por su explotación indiscriminada.

La variedad de mamíferos y reptiles también es excepcionalmente amplia. Desde araguatos, iguanas, babas y chigüires –muy amenazados, por cierto- hasta venados. La caza ilegal es un problema severo, no solo en el refugio, sino en toda la extensión de esteros, lo que ha afectado de manera dramática las poblaciones de estas especies.

La flora es igualmente abundante. La palma llanera, sin embargo, es el emblema, junto con los samanes y guásimos. La ictiofauna de la zona se beneficia con la elevada presencia de bora, que se utiliza frecuentemente como materia prima para productos artesanales.

En Camaguán existe la idea de darle un vuelco a la economía de la zona, orientándola hacia el turismo; de hecho, la alcaldía del municipio tiene un plan para reactivar instalaciones hoteleras y de esparcimiento, abandonadas por mucho tiempo, para el cual cuenta con un presupuesto inicial de más de 38 millones de bolívares.

La situación ecológica es compleja. Sin duda hacen falta planes de manejo eficientes para proteger a la fauna amenazada y, además, estrategias para cuidar la vegetación, también amenazada por malas prácticas industriales.

La idea es que el estero, cantado por Torrealba o tan vivamente pintado por Vásquez, siga vivo, más allá del recuerdo de un pasaje llanero.

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Aventura en la cima de Venezuela

Algunos turistas buscan conocer la hermosa capital merideña y sus alrededores. Otros, los más arriesgados, buscan aventura y experiencias extremas. El Parque Nacional Sierra Nevada, ubicado en la cordillera andina, entre Mérida y Barinas, no dejará indiferente a quien se adentre en sus 276.446 hectáreas.  

Muchos aguardan la llegada del período entre julio y septiembre para visitar el Sierra Nevada, decretado como segundo parque nacional en 1952, deseosos de ver nieve coronando sus ocho picos: Bolívar, con 5.007 metros sobre el nivel del mar; Humboldt, con 4.942; La Concha, con 4.920; Bonpland, con 4.883; Espejo, con 4.880; El León, con 4.743; El Toro, con 4.719; y el Mucuñuque, con 4.672.

Dependiendo de la temporada, el clima puede variar entre cálido, húmedo y templado. A quienes lo visiten en un día de paseo, el parque les ofrece opciones de senderismo, paseos a caballo y en bote. Un día de excursión permitirá disfrutar de la abundante flora y fauna endémica de la región, si bien especies como el oso frontino y el cóndor de la andes están en peligro de extinción. 

Si la intención es practicar deportes extremos, existen varias operadoras turísticas que prestan sus servicios. Entre ellas: Akanan Travel & Adverture y Huellas, Aventuras y Expediciones C.A.  

Recuadro:

Hablan los guías: “La montaña es mi vida”

Con 15 años trabajando como guías de montaña, Carlos Contreras y Pablo Borjas conocen a fondo la belleza y los retos de adentrarse en el Parque Nacional Sierra Nevada. Ambos se iniciaron en el montañismo desde muy jóvenes y han desarrollado su actividad profesional en la industria del ecoturismo de la región.

“Desde la primera excursión que realicé a la montaña a los 18 años, supe que esta actividad sería parte importante de mi vida. ¿Por qué soy guía de montaña? La respuesta es muy simple: la montaña es mi vida”, confiesa sonriente Contreras, quien trabaja con la operadora turística Akanan Travel & Adventure.

Borjas explica que el turismo de aventura implica la realización de actividades que entrañan riesgos, razón por la cual los guías suelen llevar grupos de entre 2 a 4 personas si la excursión se hará a los picos que sobrepasen los 4.000 metros de altura (Pico Bolívar y Humboldt); y de máximo 10 personas si es por debajo de esa cota.

“El Parque Nacional Sierra Nevada representa el mejor núcleo para el desarrollo del ecoturismo en la zona, ya que ofrece muchas alternativas para distintos tipos de excursionistas. Conocer los pueblos Los Nevados y Gavidia es una experiencia hermosa; visitar las lagunas de Los Patos o la de Mucubají –una de las más grandes de la zona-, es algo inolvidable”, apunta Borjas.

Contreras explica que antes de una excursión se le da una asesoría previa al grupo y se le explica en detalle todo el itinerario. Los guías informan sobre las dificultades técnicas; la cantidad de horas diarias de actividad; las temperaturas mínimas y máximas a encontrar, etc. También dan una lista del vestuario y equipo recomendado para dicha excursión.

“Es primordial que la operadora turística o el guía que preste el servicio realice esta asesoría previa, ya que de ella depende, en gran parte, el éxito de la excursión”, precisa Contreras.

Hay varios tipos de excursiones diseñadas para disfrutar el Parque Nacional Sierra Nevada, explican los guías, quienes aseguran que los amantes del senderismo verán su esfuerzo bien recompensado con la belleza de este parque nacional.

Por Silvia Marcucci

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Un tesoro natural en el centro del país

Siguiendo la carretera que indica la ruta hacia Ocumare de la Costa, por la vía de El Limón, se encuentra un clima diferente: baja el calor y comienza una jungla verde y frondosa, donde se escuchan cantos de aves y los sonidos agudos de monos araguatos.

Así es la entrada al Parque Nacional “Henri Pittier”, donde un geógrafo y botánico suizo, atraído por el caudal de recursos naturales de Venezuela, decidió quedarse para no irse jamás, dejando un legado, tan importante como poco reconocido, en materia de investigación y catalogación de flora y fauna.

Esta zona de Aragua y Carabobo fue decretada, en 1937, como Parque Nacional –el primero del país-, gracias a la visión del presidente Eleazar López Contreras, militar pero también historiador e interesado por las ciencias. Sigue siendo importante espacio de investigación para expertos de todo el mundo que acuden a observar las especies arbóreas y faunísticas de la región.

Emplazado en la selva nublada de la Cordillera de la Costa, en el centro norte del país, el PN “Henri Pittier” debe su nombre a un científico suizo, cuya experiencia en botánica fue necesaria para las autoridades de la Universidad Central de Venezuela, núcleo Aragua, para que viniera a estudiar, clasificar y registrar las especies que se observaban en el vasto territorio, un bosque nublado cuya particularidad climática era –y es- evidente. Pittier quedó maravillado y ayudó a las autoridades a erigir este parque, llamado en aquel entonces “Rancho Grande”.

Las características compiladas en el libro de las Áreas Bajo Régimen Especial (ABRAE), describen sus 1070 kms2 como la arboleda protegida más grande de Venezuela, la cual incluye bosques nublados, selva, montaña y termina en la costa, lo que significa una acumulación poco frecuente de ecosistemas en un espacio geográfico limitado.

La importancia del parque no solo reside en su diversidad ecológica, sino en sus fuentes hídricas, que surten de agua a Aragua y Carabobo.

Está dividido en dos ecosistemas, el primero es el montañoso abrupto, donde se han clasificado más de 500 especies de aves, 22 endémicas, ya que solo se pueden observar en el parque.

El segundo ecosistema es el compuesto por bahías y playas, con su correspondiente potencial turístico, aprovechado con más ambición que juicio.

Las temperaturas promedio en el parque van desde los 6 grados en las zonas más altas, hasta 35 grados en las playas. Debido a los distintos pisos ecológicos, la zona es llamada los “andes tropicales”.

Biólogos estiman la presencia de 140 mamíferos clasificados, lo que representa la cantidad localizada más grande encontrada en el país. Destacan murciélagos, roedores, lapas, felinos, dantas y monos, muchos de ellos amenazados de extinción.

El parque “Henri Pittier” es un lugar considerado de categoría mundial para la observación de aves, pues tiene 582 especies registradas, muchas endémicas, así como insectos que sobrepasan el millón de especies.

Rancho Grande

Ubicada en el centro del PN “Henri Pittier” está la Estación Biológica de Rancho Grande, cuyo objetivo primordial es preservar, clasificar y caracterizar la fauna de la zona, además de asesorar y efectuar labores de divulgación y extensión. Los visitantes encontrarán una colección de mamíferos de 150.000 ejemplares, que también es de suma utilidad para estudiantes y especialistas.

Igualmente, están las edificaciones de “temperancia” construidas por el general Juan Vicente Gómez, con un pasillo especial para su escape, por si ocurría una contingencia. La Estación Biológica “Doctor Alberto Fernández” fue diseñada por el francés André Potel, construida para servir de hotel, la cual suele ser visitada estudiantes de pre y posgrado de la UCV.

Especies en Peligro

Entre las especies faunísticas que están en peligro de extinción se enumeran el Puma; el Jaguar; la Danta; la Guacamaya verde; el Mono araña del norte; el Paují copete de piedra; el Caimán de la costa y la Tortuga blanca.

Se considera que 6,5 % de las aves a nivel mundial se pueden observar en el área montañosa del parque “Henri Pittier”, pero, a pesar de la vigilancia, el área ha sufrido grandes incendios e invasiones.

Finalmente, cuando emprenda el viaje al parque “Henri Pittier”, no hay que olvidar que existen poblaciones cercanas donde conseguir posada, comida y ciertas comodidades, como Chuao, Choroní, Cuyagua, Cata y Ocumare de la Costa.

Si la decisión es acampar en el parque, hay que seguir las recomendaciones de las autoridades de Inparques y notificar dónde y por cuánto tiempo permanecerá en la zona, debido a la espesura y extensión del área, aparte de los problemas de inseguridad.

En el “Henri Pittier” existen atractivos turísticos muy demandados, como la Bahía de Cata, playa Cuyagua, playa Grande, El Playón y los senderos ecológicos, como la Ruta del Cacao, el sendero interpretativo “Andrew Field” o el paseo del Pargo o del Guanábano, para los que también se debe pedir permiso a las autoridades para acampar.

PITTIER, EL ANDARIEGO

Henri Pittier fue un ingeniero, geógrafo, botánico y naturalista suizo, que se ocupó de viajar y expandir sus conocimientos en varios países del continente americano. En Costa Rica fundó distintos institutos dedicados a clasificar la botánica del país, así como la meteorología, la fauna y flora. Luego visitó Estados Unidos, México, Guatemala, Panamá, Colombia, Ecuador y, finalmente Venezuela.

Su primera parada en nuestro país fue en 1913, cuando fue contratado para organizar la Escuela de Agricultura en Maracay. En 1917, fue llamado para organizar una estación experimental en Cotiza, proyecto que no tuvo éxito. Volvió en 1919 y trabajó como botánico junto a Tobías Lasser y Francisco Tamayo,  famosos ambientalistas.

Su labor abarcó la fundación de revistas, museos, el Observatorio Cajigal, el Herbario Nacional, y, por supuesto, el exhaustivo estudio del parque nacional que a partir de 1953 lleva su nombre. 

Por Silvia Marcucci

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