Sócrates Serrano "soy un actor intenso"

“ Yo tengo 47 años de edad. Empecé con la actuación en el colegio (Instituto Atenas), y mi primera obra de teatro fue una de Aquiles Nazoa: ‘Un sainete o astrakán donde en subidos colores se le muestra a los lectores la torta que puso Adán’. Allí empezó esta historia”, se mete en su propia letra el actor Sócrates Serrano, quien acaba de terminar una temporada como Carlos Gardel, en la obra “El día que me quieras”, del dramaturgo José Ignacio Cabrujas.

Siempre sintió una intensidad muy grande por el teatro, una conexión potente con la necesidad de actuar. Estudió Psicología en la UCV, pero antes vivió una historia muy especial con las tablas, porque perteneció al Grupo de Teatro de la Hermandad Gallega -su madre es asturiana de nacimiento y gallega de crianza-, por un lapso de alrededor de 7 años.

Luego de ahí pasó a los talleres de formación del Grupo Actoral 80 (GA80), del Celcit, los egresados fundaron un grupo que se llamó Arca 71 Teatro Estudio, el cual se diluyó porque todos sus integrantes emigraron.

“Yo seguí estudiando actuación, y en paralelo estudiaba en la universidad, pero entonces muere mi padre. Las cosas en mi casa se pusieron muy duras, ejercí por dos años la psicología clínica, pero mi fuerte fue la psicología industrial. Mi profesión me permite tener una visión más amplia y profunda de los personajes, pero no abuso de eso, porque si no los intelectualizo demasiado. Yo soy un actor intenso, me gusta meterme en el mundo de los personajes, investigar, leer, conocer, explorar con el cuerpo”, desnuda su propia técnica. 

EL DÍA QUE ME QUIERAS

Y va a los telones más recientes: “Con el personaje de Gardel, en ´El día que me quieras´, de Cabrujas, he tenido un gran reto, porque había sido interpretado por grandes actores, como Gustavo Rodríguez o Jean Carlos Simancas. Leo sobre todo teatro, me gusta muy poco leer novela”, revisa cada tanto su Smartphone, en la penumbra espesa del lounge de Trasnocho Cultural.

Opina que el movimiento actual de teatro en Venezuela es una paradoja. Con el cierre de RCTV los actores –recuerda- se quedaron sin trabajo. Se comenzaron a crear espacios de divertimento fácil, ligero, superfluo, para que los actores pudieran trabajar. “Yo no lo critico, ni lo cuestiono”.

“La gente necesita divertirse. Pero creo que es una banalización del hecho teatral. Me preocupa mucho que no haya un espacio de teatro reflexivo. La paradoja es que con este gran movimiento de teatro ligero y de divertimento ha surgido, en contraposición, un teatro con un nivel de profundidad mayor”, se toca el corazón.

¿Por ejemplo? “El GA80 mantiene su línea, a pesar de que ha explorado algunas cosas, digamos en un tono más ligero, pero lo ha hecho siempre con mucho cuidado y nivel. La Caja de Fósforos, como movimiento (independientemente de que también se ha convertido en una élite), también es una respuesta a esto. Hay un movimiento de pequeños nuevos grupos”, expone el actor.

Otro caso –sugiere el actor- es el de Javier Vidal, quien produjo con mucho nivel la obra “Diógenes y las camisas voladoras”. Es parte de una trilogía sobre los dictadores andinos, de la que también formó parte “Compadres”, dirigida por Julie Restifo sobre un texto de Vidal, basado en un libro de Simón Alberto Consalvi, donde se relata la relación entre Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez.

“Ahora voy a estar en la tercera parte que se llamará ´La Catira del General´, que es un texto sobre cuando Marcos Pérez Jiménez encarga al escritor español Camilo José Cela una obra sobre la venezolanidad, para contrarrestar la influencia de ´Doña Bárbara´ de Rómulo Gallegos”, adelanta Sócrates Serrano.

El actor vuelve al repiquetear de sus primeras claquetas: La primera película que hizo se llamó “La pura mentira”, de Carlos Malavé. “Yo me ausenté de la actuación durante 15 años, tuve que salir a trabajar luego de la muerte de mi padre, como analista de reclutamiento y selección en una empresa de telecomunicaciones, donde llegué a cargos de dirección. Pero no me podía quedar tranquilo e hice una especialización en Psicodrama, y seguí actuando en las empresas, a través de simulaciones”, se resistió a colgar los guantes.

AZUL Y NO TAN ROSA

El actor William Goite lo llama para hacer un cameo en una película, hace 7 años, y allí comienza de nuevo su historia en la actuación, con “Las Caras del Diablo”, de Carlos Malavé; “Todo por la taquilla”, de Héctor Puchi; “El Último cuerpo”, también de Malavé.

¿Qué le permitió hacer tanto cine? “Ya tenía un piso económico sólido. Monté mi propia consultora de Recursos Humanos. Cada vez estoy menos en la consultoría y más en la actuación, pero es verdad que todavía la consultoría me da de comer”.

“El Show de Willie” es una película que se estrenó en el interior del país. Es una producción muy importante para Serrano, porque fue su primer protagónico oficial en el cine, donde interpreta a un animador de TV que quiere retar el status quo, el stardom system. El guión es de Fernando Venturini, pero está basado en una historia de Eloy Yagüe. La dirección también es del veterano Venturini. Otra película que está en post producción que se llama “El Vampiro del Lago”, que es de Karl Zitelmann, donde actúa con Miguel Ángel Landa y Julie Restifo. “Le tengo mucha esperanza y cariño al personaje”.

“Actué con Miguel Ferrari –el director de ´Azul y no tan Rosa´- en una escena en ´El Último Cuerpo´, y siempre lo admiré mucho. Haciendo la escena le pregunté por su vida cuando tuve un poco más de confianza, y me comenzó a hablar de un proyecto que tenía. Le dije que quería hacer el casting, y él me respondió que, luego de hacer esa escena conmigo, me visualizaba para uno de los personajes”.

Y dispara su plano final: “Azul y no tan Rosa fue un cambio de vida importante para todos los que trabajamos allí. Fue una gran catapulta. Primero por el gran trabajo de confrontación social que hizo la película, y luego que ganó el Goya, pude ir a un par de festivales internacionales”. El éxito le sonríe a Sócrates Serrano. Y parece que lo mejor está todavía por venir.

Por: Alejandro Ramírez Morón

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