Haití una asombrosa sorpresa

Una interesante mezcla de influencias francesas, africanas y españolas enmarcan a un pequeño país desconocido, donde sol, hoteles de lujo, merengue, vudú, carnaval, ciudades coloniales y playas vírgenes de arena negra invitan al turismo.

La República de Haití es un país de las Antillas, enmarcado por el Océano Atlántico y el Mar Caribe, entre la República Dominicana y Cuba. Abarca diferentes islas, como Gonâve, la Tortuga, la isla de Vaches y el archipiélago de las islas Cayemites.

Playas como las de Ibo, Kyona y Ouanga no dejan nada que desear, tampoco la playa de arena negra en las cercanías de Jacmel. Bassin Bleu, con tres espléndidas cataratas y una ruta para excursiones, a través del monte Puilboreau.

Las actividades al aire libre resultan ideales, especialmente para los amantes de los deportes acuáticos como el buceo. Se puede emprender un paseo hasta Sand Cay en lanchas con fondo de cristal para apreciar los mejores arrecifes del Caribe, o incluso sumergirse en el agua y disfrutar de un espléndido escenario natural. 

PUERTO PRÍNCIPE, MUCHO QUE VER

La principal ciudad del país es su capital, Puerto Príncipe, una dinámica ciudad en constante actividad, con espectáculos callejeros que asemejan lugares como Estambul o Nueva Delhi, pero en una versión caribeña.

En Puerto Príncipe es imperdible visitar el Palacio Nacional y la plaza que lo rodea, así como también el Champ de Mars, llena de edificaciones de los años ´30, entre las que destacan el Museo de Arte del Panteón Nacional y la Casa Defly, que funge de venta de antigüedades. 

La ciudad puede conocerse en transporte público, los famosos tap-taps o camionettes, una suerte de buses o pickups pintados vistosamente de colores vivos, con retratos de gente famosa y ventanas de madera cortada a mano, que sirven como taxi colectivo en Haití. Se toman en el Mercado de Hierro o Mercado Vallières, un lugar que guarda pequeños tesoros en su interior, desde esculturas de madera hasta vajillas de caoba.

Otro espacio turístico, obligado en cualquier ruta, es la Destilería de Ron Barbancourt, lugar donde se produce un ron enriquecido con mango, coco, naranja y café, entre otros sabores. Muy cerca es recomendable la visita al Castillo que lleva ese mismo nombre, un lugar que alberga una leyenda de amor clásico entre un fabricante de perfumes alemán, Rudolph Linge, y una joven haitiana, Jane Barbancourt, quienes viajaron a Nueva York para ver la película “Cenicienta” y se inspiraron en el castillo del príncipe para la maquetación de su mansión.

La Ciudadela o Citadelle, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por su gran valor histórico y cultural, es una gran fortaleza situada en la cima del cerro La Ferrière, edificada entre 1805 y 1820, y se complementa con las Fortificaciones de Ramiers, un anexo formado por una residencia y cuatro fortines menores.

En Haití, hay que conocer las iglesias de referencia, como la Catedral de la Santa Trinidad, con sus murales bíblicos, referentes de la corriente de arte Naif de los años 40 del siglo pasado.

Asimismo, la arquitectura colonial está presente en la isla, y Cap Haitien es el mejor exponente. No en vano, es conocida como la “París del Nuevo Mundo”, pues conserva calles, plazas y edificios coloniales, así como las ruinas del Palacio Real de Sans Souci de 1813.

Visitar Haití es arriesgarse a un viaje ecléctico, distinto y aventurero, en el que convergen cultura, historia y belleza, para dibujar una panorámica inolvidable. 

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