Ganar es cuestión de actitud

“Como decía Ortega y Gasset, el hombre es ‘él y sus circunstancias’. No todos estamos viviendo en el mismo contexto psicológico, aunque vivamos la misma realidad. Una cosa es lo que la persona interpreta de la realidad, y otra cosa es la realidad misma”, se interna en los senderos del alma, el psicólogo Carlos Saúl, ex coach de la Vinotinto, y hoy un conferencista motivacional en todo el continente.

Es importante cuidar lo que se piensa, porque un pensamiento repetido se puede convertir en la verdad de una persona, y esto regula su propio andar. En las actitudes, hay una energía o una conexión con los demás que lleva a la persona a ganar o a perder”. Tan sencillo.

En la sociedad, avanza Saúl, cada individuo debe relacionarse con las demás personas, y generalmente lo hace con una actitud de optimismo o pesimismo, ganas o flojera, moral alta o baja, la cual está antecedida por un pensamiento que es obra personal de cada quien.

Cuando uno ve a alguien con un pensamiento positivo, más allá de que viva circunstancias difíciles, puede decir: esta persona ha cons- truido pensamientos fuertes que le permiten mantenerse activado, buscando posibilidades donde los demás ven calamidades.

Pero también podría uno cuestionar el enfo- que anterior: es un loco, perdió la perspectiva de la realidad. O puede uno decir: tiene una carta bajo la manga, un lado oscuro. Porque se supone que si vive una crisis, tiene que haber angustia y presión psicológica. Lo cierto es que no todas las personas asumen las dificultades de la misma manera y con respuestas e ideas aparentemente racionales.

“Hace poco una periodista de televisión me dijo que no entendía por qué yo era tan optimista, casi en una posición de reclamo”, se encoge de hombros, y sonríe.

“Cada quien tiene una personalidad: hay gente hiperactiva, y otra muy serena. Luego, hay una historia personal propia. Algunos han vivido siempre con carencias, por lo que una situación difícil en el plano material es algo familiar. Por otro lado, está el entre- namiento que cada quien ha tenido; por ejemplo, la persona que siempre ha hecho deporte aprende a perder, porque ha tenido fracasos; otros han hecho miles de cursos, van al yoga, etcétera. Esto ayuda a afrontar la vida de manera totalmente distinta”, dice el analista, para evidenciar cómo las cosas –a menudo- dependen del cristal con que se miren.

NO TODO ESTRÉS ES MALO

Pero, ¿qué hay del manejo del estrés, más allá de la actitud positiva o negativa de cada quién? “Todo el mundo necesita cierto nivel de estrés para poder responder adecuadamente a los estímulos del entorno.

Sin embargo, hay un estrés destructivo, que en el inglés se llama distress, y uno positivo que se denomina eustress. El funcional es el que necesitamos para ser competitivos, y cumplir objetivos; el disfuncional es el que te aniquila, y puede derivar en neurosis”, ataja un filo peligroso.

Y precisa al detalle el asunto: “Hay algo que se llama umbral. Esto es la intensidad mínima que debe tener un estímulo para que la persona lo perciba como tal. Hay palmadas de cariño, que no producen dolor, pero hay gente que saluda con palmadas en la espalda tan duras, que maltratan. Luego, ¿cuál es la intensidad que debe tener una crisis particular para que me afecte? De una persona a otra varía el umbral. Cuando es muy bajo se producen respuestas radicales, poco racionales en muchos casos, según se vea el vaso medio lleno, o medio vacío.

Ahora bien, ¿Qué es lo bueno de controlar el estrés positivamente? Toda nuestra conducta estará regida por nuestros pensamientos. Hay dos posturas: según la primera, el ser humano tiene límites para resolver problemas. Según el “Principio de Peter”, llega un momento en el cual la persona se auto determina como incapaz para resolver ciertas situaciones, y se declara incompetente. “Pero hay una segunda postura, que es la que yo sostengo: el ser humano tiene una capacidad ilimitada para administrar sus pensamientos”. No todo está perdido.

Por lo tanto, cada quien debe cambiar su forma de pensar. Por ejemplo, puede uno decantarse por pensar que un problema no tiene solución, o bien pensar que no se ha encontrado aún la solución

UN ACTO DE FE

“Hay personas que no saben cuándo van a superar los problemas, pero tienen una gran fe en que lo harán. Por ejemplo, el cristiano que se mantiene en oración, tiende a pararse frente a las dificultades con una actitud mucho más positiva. Las personas que tienen fe, por anticipado disfrutan lo que esperan optimistamente que va a ocurrir”, se lleva una mano al corazón.

Todo el mundo tiene problemas, pero quizás no todos son infelices. Sin embargo, ¿cómo reperfilar los valores para no hacerse metas incoherentes, inalcanzables, o simplemente innecesarias para ser feliz?

“Hay modelos de felicidad que son ficticios. El parámetro de la felicidad lo determina cada persona. Por ejemplo, los cartujos renunciaban a todo, pero eran felices, porque vivían en conexión permanente con Dios”, una luz se le aloja en la mirada.

Y se remite a su propia historia, para no hablar de generalidades: “Yo crecí en un hogar muy humilde, pero éramos muy felices, disfrutábamos los cumpleaños, y sabíamos que íbamos a progresar. Hoy vivo en una casa en Prados del Este, que se llama  ́Tierra Prometida ́, pero la felicidad no tiene nada que ver con los metros cuadrados. La gente perdió el valor de la vida, muchos están vivos, pero sin batería. Todo pasa un poco por la capacidad de gerenciar bien los recursos de los cuales cada quien dispone, sean muchos o pocos”. Eso es todo.

Por: Alejandro Ramírez Morón

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