El monumento de los Cimarrones

En la sierra del estado Miranda, entre los pueblos de Birongo y Curiepe, está la boca de una gruta donde los esclavos africanos fugados, los “cimarrones”, se ocultaban con la creencia de que jamás podrían ser encontrados por sus amos españoles, gracias a la protección de sus dioses ancestrales.

Hoy esa cueva, de 4,3 kilómetros de extensión, es un Monumento Natural decretado el 12 de diciembre de 1978, como Cueva “Alfredo Jahn”.

La gruta tiene varias entradas, algunas con cascadas que inundan cuando llueve. Su Reglamento de Uso permite excursiones controladas y observaciones científicas. Es una cueva húmeda, todavía activa, que se ha ido formando por la acción de la Quebrada Cambural. Sus paredes de calcita están cubiertas de espectaculares estalagmitas, estalactitas y columnas, que alcanzan su máximo desarrollo en el “Salón del Chaguaramo” o “Salón de la Lluvia”.

Debe su nombre a Alfredo Jahn, quien fue ingeniero civil, espeleólogo, botánico y topógrafo, y desarrolló una obra científica extensa donde se cuentan: “La cordillera venezolana de los Andes”; ”Los aborígenes del occidente de Venezuela”; “Historia etnográfica y afinidades lingüísticas”; “Una importante contribución a la hidrografía de la Guayana venezolana”; y “Aspectos físicos de Venezuela”.

En la caverna hay formaciones de mármol calcítico, estalactitas, estalagmitas, halitas, óxido amorfo de hierro, mineral de koktaita, que cambia de rojo a negro, ya que la cueva continúa en formación.

Los minerales de Koktaita, Amonio-jarosita y Mangano-berzeita, no han sido reportados en otra parte del mundo. La gruta es de la etapa del Mesozoico o Jurásico – Cretácico. Existe una abundante fauna de insectos y arácnidos y poblaciones importantes de cuatro especies de murciélagos, entre los que destaca por su abundancia y gran tamaño el vampiro común (Desmodus rotundus rotundus).

La vegetación incluida en las 58 hectáreas de linderos del Monumento corresponde a un bosque semideciduo estacional pre-montano y presenta tres estratos arbóreos densos. Entre las especies más comunes están el araguaney (Tabebuia chrysanta), el indio desnudo (Bursera simaruba), el ramón (Trophis racemosa), el tuque (Ocotea glandulosa) y el palo de vaca (Poulsenia armata).

Las galerías más impresionantes son los Salones del Chaguaramo y de la Lluvia y la Galería Codazzi. La primera tiene 30 metros de longitud. El nombre se deriva de una enorme columna de seis metros de altura, cuyo ápice semeja las hojas de una palma. El adyacente Salón de la Lluvia es también bastante amplio y tiene este nombre por el goteo de agua continuo que se desprende del techo de la galería, la cual tiene una gran cantidad de formaciones muy hermosas.

Otra de las zonas de interés es el Arrastradero, que comunica la Galería de la Quebrada con la del Río y tiene unos 25 metros en los que es necesario arrastrarse para pasar. Se debe resaltar también la existencia del Paso del Tremedal en la Galería del Río, cuyo paso es incómodo, ya que en ocasiones el agua llega a la altura del pecho, así como el Paso del Mono, el cual puede evitarse trepando por las paredes de roca caliza.

PARA TENER EN CUENTA

  • Usar linterna frontal  y una de mano..
  • Hacer caso al guía.
  • No romper  la roca.
  • No llevar ni niños pequeños ni animales.
  • Cuidar y ayudar a conservar la flora y la fauna.
  • Usar mascarilla.
  • Se permite llevar cámaras fotográficas.
  • No olvidar una botella de agua.
  • Prohibido el consumo de bebidas alcohólicas y fumar.
  • No olvidar sus medicinas personales.
  • Llevar ropa deportiva adecuada, traje de baño puesto, zapatos de protección, paño y morral pequeño.
  • Ponerse repelente de insectos en crema.
  • Llevar chaqueta e impermeable.

Por: Silvia Marcucci Montero

Sección: