El misterioso encanto de Araya

El paisaje árido convive con el azul intenso del Caribe, que se muestra manso en esta zona, las montañas bajas están llenas de tonos opacos y la vegetación xerófila se esparce tímidamente por los senderos.

La forma común de llegar a la Península de Araya es navegar desde Cumaná en los “tapaítos”, embarcaciones pequeñas y cerradas muy usadas por los pobladores de Araya por la velocidad del viaje. Este transporte arriba a la población de Manicuare, localidad donde nació el poeta Cruz Salmerón Acosta, nombre con el que fue bautizado el municipio que cubre casi toda el área de Araya.

La alternativa más turística es tomar el ferry que va desde el puerto de Cumaná hasta la propia población de Araya, en una travesía de cerca de dos horas. En el trayecto se disfruta del imponente paisaje del golfo oriental y los acantilados de la península, que de momento hacen sentir en un lugar lejano a Venezuela.

Para llegar por tierra hasta Araya se debe transitar la vía que bordea el sur del Golfo de Cariaco, en sentido a Carúpano, y luego cruzar hacia el norte de la península, pasando por la localidad de Chacopata.

En Araya hay varios atractivos por conocer. Las ruinas de la antigua fortaleza a la orilla del mar, un punto impresionante que da al paisaje costero un aspecto enigmático. Fue construida por la Corona española en la década de 1620 para evitar invasiones holandesas a las salinas, ícono de la riqueza de esta península. Aunque el lugar no cuenta con un mantenimiento óptimo, el castillo es de gran valor histórico y un emblema local.

Junto a la fortaleza enorme se ubica playa El Castillo, una de las más concurridas por su poca profundidad, suave oleaje y llamativo color azul. Muy cerca del lugar hay algunos restaurantes y posadas.

A poca distancia, junto a la carretera, se encuentran las salinas. Es una enorme extensión con tonos blancos y rosados, que se hacen más vivos con la luz del sol. Explorar las salinas es como andar sobre cristales rotos, la vista es asombrosa y parece infinita. No hay un acceso claro, solo hay que ingresar desde la carretera si el fango lo permite.

En la región sur occidental de la península se encuentra Punta Arenas, otra zona de playas cristalinas y tranquilas, con aguas frías como en casi toda la costa de Sucre. Hay que trasladarse por una carretera que parte desde Araya y luego se vuelve de tierra, en medio del paisaje desértico. En esta zona la oferta de posadas y servicios de alimentos es escaza.

A lo largo de la costa sur de la península se encuentran otros lugares de gran belleza como La Angoleta y Laguna Grande.

Texto y foto: Eduardo Monzón (@eduardomonzn)

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