Comprar porque sí

En ciertas oportunidades nos encontramos ante decisiones de compra de ciertos artículos de dudosa necesidad, momento en el cual una parte de nuestro cerebro dice que sí debemos comprar, pero otra parte dice que no.

Esta particular lucha entre la razón y la pasión, se presenta cuando sabemos que no necesitamos el artículo, pero justificamos la decisión de compra sustentada por factores externos, como la moda, porque lo tiene un amigo, porque nos sentimos deprimidos, o simplemente pensamos que nos lo merecemos.

Justo cuando tenemos el producto frente a los ojos, en nuestro cerebro comienzan a aparecer muchas razones por las cuales deberíamos tener ese artículo en nuestro inventario. En ese momento, pensamos selectivamente, pues solo creamos las razones que justifican la compra, más no sus consecuencias en nuestras finanzas personales.

Como en algunas ocasiones, nuestra parte racional comienza a ganar, ya que sabe que no debemos hacer la compra; entonces se activa el plan “b” en el cerebro, que no es más que llamar a un amigo. ¿Y a qué clase de amigo vamos a llamar? ¿A aquel que nos va a decir que nos quedemos tranquilos, porque ya tenemos una chaqueta de ese color?

Definitivamente no, vamos a llamar a un amigo que sabe que si te compras esa chaqueta, te sentirás mejor por cualquiera de las razones antes expuestas, al fin y al cabo es tu amigo y siempre querrá lo que él cree es mejor para ti.

En ese caso, si la decisión en tu cerebro estaba divida 1 a 1, ahora con el voto de tu amigo comprarás el artículo, pues en la nueva votación, el “si” ganó 2 a 1 versus la parte de tu cerebro que sabía que financieramente esa compra no estaba justificada.

En definitiva, antes de realizar alguna compra, tratemos siempre de mirar no solo las consecuencias positivas que generará en nuestro ego, sino también las consecuencias en nuestras finanzas.

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Por: Instituto de Finanzas y Empresas (IFE)